Free Book 1 in Spanish Pt.1 Estableciendo las Raíces

Discipulado

Un

Camino

De

Crecimiento

 

Por Kim y Bettye Carroll

Serie de Discipulado (Libro 1)

 

 © Copyright 2019 por Kim y Bettye Carroll

 

Todos los derechos reservados. Este libro no puede copiarse o reimprimirse para fines o beneficios comerciales. Se permite y fomenta el uso de citas breves o copias ocasionales de páginas para el estudio personal o grupal.

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“Las citas bíblicas fueron tomadas de la Biblia Amplificada® (AMP),

Copyright © 2015 de The Lockman Foundation

Usada con permiso de www.lockman.org

Escrituras tomadas de la SANTA BIBLIA, NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL®. NVI®.

Copyright© 1973, 1978, 1984 por la Sociedad Bíblica Internacional. Usada con permiso de Zondervan. Todos los derechos reservados en todo el mundo.

Este es el primer libro de una serie de 5 libros sobre el Discipulado

 

Prólogo

Un discípulo de Jesucristo es un hombre o una mujer que se ha formado para hacer el mismo trabajo que Él hizo. Estos hombres y mujeres están aprendiendo continuamente a ser más y más como el Maestro, y son siempre moldeados, formados y conformes a Su imagen. Lamentablemente, esto no se puede decir de muchos que se sientan hoy en las iglesias y que no están siendo discipulados. Un gran número de creyentes simplemente están dejando de ser formados hoy en día. Cuando se trata de saber cómo hacer las obras de Dios, lentamente retroceden, dejándolo todo al ministro que está más dotado que ellos. Mientras están sentados en un banco como un buen espectador, no se dan cuenta que el Espíritu de Cristo en ellos está tratando de llevarlos a la acción. Sin embargo, todo creyente ha sido llamado por el Señor para ser como Él, hacer las obras que Él hizo y sigue haciendo.

Muchos creyentes genuinos nunca han entendido lo que Él realmente quiere de ellos y cómo ve sus vidas por la falta de formación. La realidad es que Jesús quiere tomar sus vidas y usarlos para dar la vuelta al mundo en el que viven. Un individuo que es creyente debería haber pensado en su interior “Yo estaba destinado a más”, porque fueron diseñados por Dios para una vida extraordinaria. Ellos estaban destinados a ser Sus discípulos.

Un discípulo de Jesús está llamado a estar en el juego. Nunca se contentarán con sentarse en la audiencia observando desde la comodidad de un banco. En su lugar, han entrado en la carrera con el Rey como su entrenador y Él dice: “VE, entra al juego”. Él les ha dado toda la autoridad para permitirles traer el cielo a la tierra. Ellos avanzan por el Reino para el honor de su Rey. Un discípulo de Jesús sabe que no solo deben existir como cristianos, sino que están llamados a cambiar la historia.

 

 

Tabla de Contenido

Estableciendo las Raíces

Capítulo 1 ¿Por Qué La Cinta?

Capítulo 2 ¡Qué Vista!

Capítulo 3 La Planta Que Comió El Sur

Capítulo 4 “Lo Hago”

Capítulo 5 Muéstrame Esos Músculos

Capítulo 6 Vamos, Uno Más

Capítulo 7 ¿Cómo Dices Baño?

Capítulo 8 ¿A Quién Estás Mirando?

Capítulo 9 Eso Es Caro

Capítulo 10 Pueden Ocurrir Lesiones Fatales

Cultivando La Fruta

Capítulo 11 Saltando

Capítulo 12 La Noche de la Cita

Capítulo 13 La Atracción Principal

Capítulo 14 ¿Ya Estamos Ahí?

Capítulo 15 Estás Aquí “X”

 

Estableciendo

las

Raíces

 

Capítulo 1

¿Por Qué la Cinta?

 

 Mateo 16:18-19

“...y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.” NVI

 

Hace unos años compré una puerta para el frente de mi casa. Era una puerta ornamentada diseñada con un vidrio biselado cortado a esmeril. Traje la puerta a casa y a la mañana siguiente saqué mis herramientas y comencé a armarla. Tuve que armarla y luego montar e instalar el marco en el que la encajaría. Me tomó casi toda la mañana. La pieza final que debía colocar era la gran pieza de vidrio que formaba dos tercios de la puerta. Me estaba preparando para colocar el vidrio en el marco cuando noté que faltaban las tiras largas y delgadas que sostenían el vidrio en su lugar.

Como ya había quitado la puerta vieja y su marco, solo había una cosa que podía hacer. Saqué un poco de cinta adhesiva, esa cinta gris popular por su gran versatilidad, y puse el vidrio en la puerta. Por supuesto, volví a la tienda donde compré la puerta y les conté lo sucedido. Se disculparon por las molestias y, gratuitamente, solicitaron de inmediato la pieza que faltaba. Así que pregunté cuándo llegaría y me dijeron que tomaría de 2 a 3 semanas. Por supuesto, estaba muy decepcionado porque iba a tomar mucho tiempo.

Fui a casa y caminé hacia mi nueva y hermosa puerta con su vidrio biselado cortado con esmerilado, con esa cinta gris grande y gruesa.

Luego, por las próximas 2 o 3 semanas, las personas que se acercaban parecían decir lo mismo: “Es una puerta hermosa, ¿por qué la cinta”? Y yo empezaba a contar la historia de la pieza faltante.

Con qué frecuencia se podría decir esto sobre la iglesia. Es una iglesia hermosa, pero le falta una pieza. Le falta el discipulado. Pero el discipulado no es solo una pieza “extra”, es la pieza principal. Es la pieza que mantiene unidos todos los demás aspectos de la Iglesia. La Iglesia está incompleta sin un proceso continuo de discipulado. Mi puerta aún funcionaba y lo hacía bien, pero estaba incompleta sin la pieza para sostener el vidrio en el marco de la puerta. La cinta fue solo una sustituta hasta que llegó la pieza real. La cinta funcionó temporalmente, pero todos los que veían la puerta sabían que no debía ser de esta forma.

Muchas iglesias a lo largo de la historia han carecido de esta pieza a pesar de que seguían funcionando como iglesia y en ocasiones lo hacían bien. Sacaron su cinta religiosa y la colocaron donde debía estar la pieza y continuaron con su iglesia. Sin embargo, todavía está incompleta porque no tiene esta pieza principal para mantener a la iglesia en su lugar adecuado. El discipulado no es solo una pieza que se puede elegir tener o no. No hay sustitutos. Es la pieza principal de todo el cristianismo. Así es como comenzó Jesús. Este fue Su ingrediente principal para asegurar que la obra continuara de la forma que Él quería que continuara. Sus últimas palabras antes de abandonar esta tierra fueron “vayan y hagan discípulos o vayan y hagan lo mismo”. Recuerda que Él dijo: “Construiré Mi Iglesia y te daré las llaves de Mi Reino”. Él sabe cómo hacerlo y comenzó al formar a otros. El proceso no ha cambiado porque Él no ha cambiado. Debemos tener todas las piezas para que la iglesia funcione correctamente y continúe Su obra de la forma en que Él la está construyendo.

En general, la iglesia ha ideado varias versiones de discipulado que han sido probadas a lo largo de la historia, pero que por lo general se han quedado cortas. Es solo otra versión de la cinta adhesiva. Solo han enseñado las partes de la Biblia que consideraron importantes. Hasta cierto punto, esto ha permitido a las personas crecer en la fe cristiana, pero también ha mantenido a las personas encerradas en una visión doctrinal particular o las ha mantenido dentro de las cuatro paredes, sentadas cómodamente en un banco. Pero Cristo nunca compró hombres y mujeres para este propósito. Los compró para salir y ser fructíferos, para reproducir hombres y mujeres que harán lo mismo.

Entonces, ¿por qué esta pieza es tan importante? ¿Por qué debemos todos estar involucrados en el discipulado? Quizás te preguntes: “¿Qué es el Discipulado?” La Escritura revela estas respuestas y nos da una buena comprensión de estas preguntas.  Entonces, ¿qué revela la escritura?

Mateo 4:17-22

 Desde entonces comenzó Jesús a predicar: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca.” 18 Mientras caminaba junto al mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Estaban echando la red al lago, pues eran pescadores. “Vengan, síganme” —les dijo Jesús—, “y los haré pescadores de hombres”. 20 Al instante dejaron las redes y lo siguieron. 21 Más adelante vio a otros dos hermanos: Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en una barca remendando las redes. Jesús los llamó, 22 y dejaron en seguida la barca y a su padre, y lo siguieron.

Marcos 1:14-20

 Después de que encarcelaron a Juan, Jesús se fue a Galilea a anunciar las buenas nuevas de Dios. 15 “Se ha cumplido el tiempo,” —decía—. “El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!” 16 Pasando por la orilla del mar de Galilea, Jesús vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban la red al lago, pues eran pescadores. 17 “Vengan, síganme” —les dijo Jesús—, “y los haré pescadores de hombre”. 18 Al momento dejaron las redes y lo siguieron. 19 Un poco más adelante vio a Jacobo y a su hermano Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en su barca remendando las redes. 20 Enseguida los llamó, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con Jesús. NVI

 Lucas 5:10-11

“No temas; desde ahora serás pescador de hombres” —le dijo Jesús a Simón. 11 Así que llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, siguieron a Jesús.

Jesús sabía que, para cumplir la obra del Padre que tenía que cumplir, se necesitarían tres ingredientes principales.

●    La predicación del Reino.

●    La formación de los demás para hacer la obra.

●    La repetición continua de este proceso.

El Maestro sabía que esta era la forma de ver al Reino de Dios llegar a esta tierra. Esta fue la mejor forma de cumplir la misión que Su Padre le dio. Esto no era solo una buena idea, era lo que el Padre le estaba pidiendo que hiciera.

Juan 4:34, 8:24, 26, 28-29, 42, 10:37-38, 12:49-50, 14:31

 “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra” —les dijo Jesús—

Yo hablo de lo que he visto en presencia del Padre;

“Pero el que me envió es veraz, y lo que le he oído decir es lo mismo que le repito al mundo.”

“Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió me ordenó qué decir y cómo decirlo. 29 El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada.”

 porque vengo de Dios y ahora estoy aquí. No he venido por mi cuenta; sino que él me envió.

 Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. 38 Pero, si las hago, aunque no me crean a mí, crean a mis obras, para que sepan y entiendan que el Padre está en mí, y que yo estoy en el Padre.

“Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió me ordenó qué decir y cómo decirlo. 50 Y sé muy bien que su mandato es vida eterna. Así que todo lo que digo es lo que el Padre me ha ordenado decir”.

 pero el mundo tiene que saber que amo al Padre, y que hago exactamente lo que él me ha ordenado que haga.

Todo lo que Jesús iba a hacer, todo lo que Él hizo y todo lo que todavía está haciendo viene de Dios. No fue algo que Jesús pensó un día, sino que era el plan maestro de Dios. Jesús solo estaba llevando a cabo el plan de acción de Su Padre. Por lo tanto, desde el principio, el discipulado no solo fue una buena idea, sino que fue la idea de Dios.

A través de los años de la historia de la iglesia, el hombre ha tratado continuamente de cambiar la manera en que Dios hace las cosas. El hombre piensa que tiene una mejor idea de cómo se debe hacer. Algunas veces funcionará por una temporada o dos, pero al final falla porque no tenía las piezas correctas para mantenerse unido de la forma que Dios planeó. A lo largo de la historia, encontramos que la humanidad regresa y estudia las Escrituras para hacerlo de la forma correcta. El hombre ha pensado históricamente que tenía una mejor forma, una más productiva, solo para descubrir que la manera de Dios funciona mejor.

Desde el comienzo del ministerio de Jesús, se puede ver que Él lo estaba haciendo a la forma de Dios. Por eso proclamó la Buena Nueva del Reino. Eligió a los hombres para formarlos, y los envió a hacerlo de la misma manera. Así es como comenzó Su ministerio. Este fue el patrón del Maestro Mismo. Si estas eran las tres primeras prioridades de Jesús, deberíamos tomar nota y hacer de estas también nuestra prioridad. Jesús sabía que estas tres verdades eran necesarias para cumplir la misión que Su Padre le dio. Para hacer la voluntad de Dios, estas fueron sus piedras fundamentales, “El Mensaje”, “Formar Hombres” y el “Enviar Hombres”.

A lo largo de los siglos, el mensaje del Reino, en su mayor parte, ha permanecido con nosotros. Muchos han disminuido el peso de este mensaje y lo han reducido a ser salvados y reservar un lugar en el cielo. Tras un examen más detallado del patrón del Maestro, la segunda prioridad, que fue la formación de los hombres, se inició justo al comienzo de Su ministerio. Sin embargo, hoy en día, el discipulado no se practica ni se promueve comúnmente y rara vez se enfatiza.

Definitivamente no se enfatiza como el Maestro creía que debía ser. Escuchamos en las iglesias y a los ministros hablar sobre el discipulado y decir que creen en este proceso. Sin embargo, muchos no están realmente dedicando el tiempo para enviar hombres y mujeres a que salgan y hagan el trabajo de la manera en que Jesús lo hizo.

Escuchamos a muchos que critican a la próxima generación por lo aburridos o insensibles que parecen. Nos preguntamos por qué la iglesia está en el estado que a veces está. Hacemos preguntas como, “¿Dónde están los líderes?” o “¿Dónde están los verdaderos creyentes radicales?”. La verdad es que hemos dejado de lado el ingrediente principal que es la formación de discípulos. No era algo que pudiera omitirse en esta misión. La formación de hombres y mujeres para continuar con la construcción del Reino y la promoción de la Iglesia no era algo que pudiera dejarse de lado.

Gran parte del discipulado actual, si es que se da, generalmente involucra a personas que están formadas para áreas seleccionadas del ministerio o para mantener a un ministro o ministerio en particular al frente. Parte de la formación es solo para mantener ciertos aspectos de la Iglesia funcionando correctamente. Aunque esto no es intrínsecamente incorrecto, simplemente no es la verdad absoluta del discipulado. El discipulado era enseñar y formar hombres y mujeres para que fueran liberados en el campo de la cosecha para producir frutos para Su Reino.

Entender mal el término discipulado o ver fallar a otros en esto ha hecho que muchos sientan que no necesitan este plan. Aunque la verdad aún permanece, esta fue la idea de Dios y debe seguirse de la forma que Él pretendía. Un discípulo simplemente significa un seguidor, adepto a un maestro en particular, un estudiante o alumno de una persona o sujeto.

En la Biblia, Juan el Bautista tenía discípulos, el Apóstol Pablo tenía discípulos, y casi todos los profetas y rabinos de la Biblia de este período tenían discípulos. Un discípulo se uniría a un maestro, como estudiante, para aprender y llegar a ser como ellos. Esto es lo que implementó Jesucristo, y todavía es una verdad válida que debe seguirse.

Las verdades bíblicas deben ser abordadas de la forma correcta. No podemos implementar medias verdades. Primero, para tener éxito en hacer los negocios de Dios, debemos enseñar toda la verdad o todo el plan. Necesitamos aprenderlos nosotros mismos del Maestro al convertirnos en Sus discípulos. Segundo, hay que estudiar las Escrituras para saber cómo promover adecuadamente el mensaje de Su reino. Tercero, e igual de importante, necesitamos formar a otros para que hagan lo mismo.  

Jesús reunió a los hombres en las primeras etapas de Su ministerio. Fueron Sus discípulos, Sus seguidores. Estos discípulos fueron llamados más tarde “cristianos”, lo que significa “seguidores semejantes a Cristo”. Él los formó y les dio todo lo que necesitaban para llevar Su Reino al siguiente nivel. Jesús quería que lo sucedieran para extender el Reino de Su Padre. Al formar estos hombres, Él puso todo en ellos, no solo para que fueran como Él, sino para continuar el trabajo a la siguiente generación. Jesús quería que pasaran por el lugar donde había comenzado y que creciera algo a partir del mensaje que Él plantó en sus corazones. Jesús, como maestro de la obra, enseñaba, formaba, alentaba, incitaba, empujaba y desafiaba a un grupo de hombres para que tomaran lo que Él les había dado y crecieran más allá de eso. Él todavía está haciendo lo mismo hoy, Su plan nunca ha cambiado.

Este sigue siendo el patrón del Maestro. Él quiere hacer crecer a todos “Sus Seguidores”, “Sus Discípulos”, desde nuevos creyentes hasta maduros Constructores del Reino para la gloria de Su Padre.  Hasta el día de hoy, sigue siendo la mejor forma de hacer que los hombres y las mujeres se conviertan en cristianos asombrosos y cosechadores increíbles. Como seguidores, nunca debemos aceptar simplemente ir a sentarnos en un banco en la Iglesia una vez por semana. En cambio, fuimos diseñados por Dios para estar en el mundo, ya sea en nuestros trabajos o en nuestros vecindarios, reuniendo y discipulando a hombres y mujeres para que Cristo sea parte del gran negocio llamado El Reino de Dios.

Juan 1:50

 Jesús dijo: “¿Lo crees porque te dije que te vi cuando estabas debajo de la higuera? ¡Vas a ver aun cosas más grandes que estas!”  

Juan 14:12

 Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago. También él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre.

Juan 17:18-19

 Como tú me enviaste al mundo, yo los envío también al mundo.

 

> Todo cristiano es llamado a ser Su Discípulo.

Ser enseñado y formado por Jesús para ir al mundo. <

 

 

 Capítulo 2

¡Qué Vista!

 

  Mateo 4:18-20

Estaban echando la red al lago, pues eran pescadores. 19 “Vengan, síganme —les dijo Jesús—,

y los haré pescadores de hombres”. 20 Al instante dejaron las redes y lo siguieron. NVI 

 

Hace unos años mi esposa y yo pudimos ver el Gran Cañón. Mientras conducíamos hacia la entrada del parque, había algunas colinas, pero nada que nos indicara la presencia de algo enorme. Cuando entramos y estacionamos, seguíamos sin ver algo que nos hubiera adelantado algo de lo que estábamos a punto de presenciar. Caminamos por el sendero principal desde donde se podían ver las pintorescas montañas que nos rodeaban. Cuando el camino llegó al final, estábamos al borde de un acantilado. En el momento en que miramos hacia abajo nos sentimos abrumados al instante, dije: “¡Vaya, esto sí es un acantilado!” Había visto fotos durante toda mi vida y sabía que era una de las siete maravillas naturales del mundo. Pero estar allí en ese momento y verlo en persona fue impresionante. Nos abrumó totalmente su tamaño y profundidad. Nunca había disfrutado de una vista como esta. Era una escena que nunca, jamás, podríamos olvidar.

Jesús encontró algunos pescadores, estos eran solo pescadores promedio. Sus padres habían sido pescadores, los padres de sus padres habían sido pescadores, pescar era todo lo que sabían. No se formaron en nada más que en la pesca. El Maestro dijo: “Los haré pescadores de hombres”. Al instante les dio un panorama más amplio, una mayor visión de la vida. 

Puso ante ellos una visión que trascendería sus vidas ordinarias en una visión global. Se les dio en ese momento una imagen de que habían pasado de su pequeña comunidad de pescadores a una donde su expansión era la tierra entera.

Jesús puso ante sus primeros discípulos una imagen que iba más allá de quiénes eran. Era una imagen, una visión de cosas más grandes que cualquiera de ellos había comprendido. Era enorme para ellos verlo, e igual de enorme, escuchar. ¿Cuál era esta imagen que Él pondría delante de ellos? ¿Qué era esta imagen que él estaba pintando tan bellamente para ellos? Era que Él podía y les daría todo lo que el Padre le había dado, todo lo necesario para construir el Reino del Padre. No se basaba en su educación, ocupación, estatus social o vidas pasadas. Era una imagen de sus futuros con Él.

A Sus discípulos, Jesús les hizo una simple declaración: “Vengan, y los haré”. Que evento tan extraordinario para un grupo común de pescadores. El Maestro le dice que “vengan” y “lo sigan” y “Él te hará”. La formación, el moldeado y el equipamiento de estos hombres sin educación ahora vendrían de Jesús mismo. Que es lo que Dios siempre ha tenido en mente para todas las personas.

Hoy en día, vemos grandes números de personas sentados cómodamente en los bancos de la iglesia. ¿Quizás podría ser que nunca hayan escuchado la visión o hayan visto un panorama más amplio? ¿Alguna vez han sabido en qué grado o profundidad quiere Él usarlos en esta visión de Su Reino? ¿O que Él quiere que todas las personas que dicen ser Sus seguidores vengan y le permitan “hacerlos”? ¿Saben que Él todavía quiere hacer llevar Su visión del Reino a su siguiente nivel al usarlos?

Cuando Jesús les dijo a estos hombres: “Vengan, síganme”, esto no fue algo insignificante que se les pidiera porque, como dice la escritura, dejaron sus redes y fueron tras él inmediatamente. Ellos sabían exactamente lo que Él les estaba pidiendo. Jesús no estaba diciendo “Vengan y quédense un rato”, o “Vengan a visitar”, sino “Vengan porque quiero sus vidas y, a cambio, haré que ustedes como hombres de Dios me sigan en poder”.

Para que estos hombres lo abandonaran todo (familia, trabajos, hogares), en esta afirmación tenía que haber algo más que ellos entendieron. Repito, sus padres eran pescadores, sus abuelos eran pescadores, su vida era la pesca, esta era su carrera. Sabían lo que significaba cuando Jesús les dijo “Vengan”, y aun así lo siguieron instantáneamente.

La parte de “Los haré” en la invitación de Jesús debía tener un significado muy fuerte para ellos. En sus mentes no pensaban: “Bueno, vamos a ver si tiene algo que ofrecer”, o “Vamos por uno o dos días”. No, debían haber sabido que Jesús podía darles la parte “Yo los haré” o nunca lo habrían seguido. Sabían que fueron elegidos para ser formados para ser como Él. Ni la educación, el dinero ni ningún tipo de estatus social eran requisitos para que Jesús les diera esa invitación. Jesús sabía quiénes eran y qué eran. A Jesús no le interesaba lo que sabían, ni a quién conocían, ni cómo los veían los demás. Estaba interesado en formarlos para el Reino que Él traía.

A través de esta invitación a este grupo particular de hombres, vemos que Jesús puede y toma a quien sea. No importa quién, qué o dónde están ahora en la vida. Él los hace quienes Él quiere que sean en esta vida, así como en la que vendrá. Aquí es donde muchos tienden a perderse. Solo se les ha dado el mensaje de la vida venidera y lo han aceptado, lo cual es bueno, pero no es el panorama más amplio. Esto sería como si mi esposa y yo hubiésemos ido al Gran Cañón y nos quedáramos en el estacionamiento. O, nuevamente, solo tenemos imágenes que habíamos visto en libros, pero nunca habíamos visto y experimentado todo lo que es el Gran Cañón. Ser un discípulo de Jesús es estar atrapado en el panorama más amplio. Es cambiar el mundo para Él. Es ver la vida desde Su punto de vista. Él quiere hacer a Sus discípulos como Él fue en esta tierra, viviendo con Su poder y habilidad y viviendo de la manera que Dios le dio.

  Lo que Jesús estaba ofreciéndoles era una visión muy poderosa. Esta visión tenía dos partes principales. La primera parte era El Reino de Dios, después de todo, esto es lo que Jesús vino a traer. Así que los hombres que eligió deben haber visto la visión que Dios estaba presentando de Su Reino a través de Su Hijo. Nadie podría presentarles esto de una mejor forma. Esta imagen fue para darles un lugar y una posición que era más grande de lo que podrían haber recibido por sí mismos. Les daría una vida muy por encima de la vida de un pescador normal de su tiempo. Incluso después de los tres años que pasaron con Jesús, Él les dijo: “Ahora vayan y hagan discípulos de todas las naciones”. ¡Les estaba hablando de naciones!

Él no les estaba diciendo que trataran de seguir adelante, sino que fueran y conquistaran el mundo para Él. No les dijo que se fueran y estuvieran cómodos dentro de las cuatro paredes de una iglesia en algún lugar y que tuvieran una buena vida. En cambio, Él estaba diciendo: “Puedo hacer crecer el Reino en ti, y tú puedes traer Mi Reino al planeta tierra”.

La segunda parte era lo que Él podía hacer por ellos. Él sería su maestro y entrenador. En este período de tiempo particular, este fue el proceso por el cual las personas eran formadas. Tenían un profesor, a veces conocido como “maestro”, y él tenía seguidores que se llamaban discípulos. Los discípulos eran aquellos que voluntariamente se dedicaban a este maestro a tiempo completo para aprender todo lo que el maestro sabía. Este proceso estaba destinado a que el maestro impartiera su sabiduría y conocimiento a sus discípulos. En el “pensamiento del medio oriente”, esto se veía como beber del espíritu de otro hombre.

Jesús, al hablarle a la mujer en el pozo, le dijo que si alguien bebía de Su agua nunca más volvería a tener sed, sino que tendrían pozos de agua viva (Juan 4:1-26). También declaró que Sus palabras eran espíritu y vida, y que debíamos venir a comer y beber de Él. (Juan 4:14, 6:35, 10:10). Hay un solo Espíritu del cual debemos beber, solo una persona que tiene la vida de la cual debemos modelarnos y ese es el Señor Jesucristo.

El discipulado es enseñar y entrenar a otro a beber de Jesús. Aprender a obtenerlo de Jesús por nosotros mismos. Cuando Jesús dijo “Vengan”, su objetivo era entrenarlos para que vivieran su vida, la cual Él les daría. Esta sigue siendo la verdad del discipulado. Jesús sigue queriendo enseñarnos Su vida, formar y equipar a los que están dispuestos a venir. Él todavía está dando Su Espíritu por aquellos que están dispuestos a beberlo.

Esta es una visión enorme y poderosa que Él presentó a ese primer grupo de hombres. Su visión del ministerio para ellos fue elevarlos y convertirlos en algo tan poderoso que ellos instantáneamente “se anotaron”. Esto era algo mucho más poderoso de lo que cualquier pescador podría esperar o imaginar. Esta sigue siendo la visión.

Jesús todavía está inscribiendo a la gente en Su visión del Reino. Él todavía está queriendo usar a cualquiera que esté dispuesto a seguir lo a donde Él personalmente pueda moldearlo, enseñarlo, formarlo y enviarlo para hacer lo que Él hizo.

 

>Jesús imparte a cada Discípulo la visión de cómo Él ve el mundo. Su Discípulo tiene Su visión.<

 

 

          Capítulo 3

La Planta Que Comió El Sur

 

Hechos 1:8

Pero, cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. NVI

 

La Kudzu se introdujo por primera vez en los Estados Unidos en 1876 como una bonita vid japonesa. En 1883 se presentó en un espectáculo de jardinería en Nueva Orleans, y desde allí se vendió y distribuyó en todo el sur de los Estados Unidos. Como vid fue ampliamente comercializada por su atractivo ornamental para sombrear porches y similares. A principios del siglo XX era utilizada para muchos fines agrícolas.

Esta vid tiene unos pequeños nodos que crecen en sus ramas, que cuando tocan el suelo pueden hacer crecer raíces creando otra planta tuberosa. Puede crecer en casi todas las condiciones del suelo y condiciones climáticas. Prospera predominantemente en climas más cálidos, a veces hasta 60 pies por temporada.

En el sur de los Estados Unidos se ha convertido en una especie de maldición por su rápido crecimiento y el hecho de que asume el control y sofoca todo lo demás. Pero en Asia, donde se originó, sus usos son muchos desde alimentos, té, hierbas medicinales hasta enfermedades relacionadas al alcohol. Se puede administrar a animales enfermos para que recuperen la salud y se está probando incluso en la industria de los biocombustibles.

Usé la Kudzu como ejemplo porque es como el Reino de Dios. Una pequeña semilla (Mat 13:31) que se convierte en una planta y toma el control. Como se indicó en el capítulo anterior, estos pescadores ordinarios se estaban sumando a una imagen del Reino que estaba tomando el control de la tierra. Algunos, a lo largo de la historia, lo han visto como una maldición y han tratado de detener su crecimiento, incluso matando a los involucrados, pero sigue creciendo y extendiéndose. En cada lugar donde uno de sus discípulos toca el suelo del corazón de otro hombre (Lc 8:12-15), crece una nueva planta.

Estos pescadores fueron sumados a un mensaje vivo. Al atraparlo, podían entonces transmitir algo que nunca se detendría y continuaría generación tras generación, mucho más allá de su vida. Sin embargo, muchos creyentes realmente no entienden a qué Jesús los sumó cuando dijeron: “Te entrego mi corazón, Señor”. La razón principal de esto es que no se les dio el mensaje completo. Conocen la parte de la salvación y parte de la verdad justa, pero eso es todo. Ellos dirán que Él vive en ellos, pero todo llega hasta ahí. No se les ha enseñado la parte en la que ahora Él quiere desarrollar una vida dinámica en ellos, que sean usados por Él para producir las mismas obras con Su poder para traer Su Reino aquí a la tierra. No saben la parte donde Él los usa para transmitir y enseñar a otros como se indica en Mateo 28. Como no es el mensaje completo, no pueden disfrutar la vida completa de Cristo que está tratando de trabajar dentro de ellos. Pero cuando un individuo capta el mensaje completo de Su vida, este mensaje viviente comienza a arder en su interior y se derrama para animar a todos a ser parte de Su Reino.

Jesús está 100% vivo hoy, así que su mensaje está tan vivo como Él. Este mensaje ha continuado extendiéndose y tomando el control y algún día dominará toda la tierra. La mejor parte es que Jesús puede llevarte y agregarte a Su plan, dándote un mensaje vivo que te permite construir en Su Reino. Él te da toda Su vida, no solo parte de Su vida, para que tu mensaje esté plenamente vivo con Su vida. Lo que construyes siempre estará allí porque estás construyendo una sustancia viva, un mensaje eterno y perpetuo que nunca se detendrá.

Al igual que el nodo de la planta de Kudzu, Jesús te permite tocar el suelo de otro hombre y que Su mensaje viviente crezca en ellos. Es un mensaje eterno sin final posible. Cuando una persona toca este mensaje, lo que comienza a crecer es eterno, la vida interminable de Jesucristo. Este mensaje ha intentado detenerse a lo largo de la historia, pero sin éxito. Todavía vive porque Él sigue vivo. Piensa cuán poderoso es esto para cualquier hombre que acepte Su mensaje con fe. Lo que comienza a dar vida en ellos nunca cesará, sino que seguirá creciendo en poder y madurez si una persona deja que todo el mensaje entre en su corazón y no solo en ciertas partes.

Cuando Jesús dio a Su primer grupo de discípulos Su mensaje del Reino, no tenía un final en mente y eso sigue siendo cierto hoy. Quemó en ellos un mensaje vivo que, cuando se transmitiera, continuaría viviendo y quemándose perpetuamente durante todas las generaciones. El verdadero discipulado es que Jesús enseña y forma a un individuo para traer Su Reino a la tierra a través de Su vida dentro de ellos.

 

>Jesús pone dentro de cada Discípulo el entendimiento de Su Reino. Su Discípulo tiene Su mensaje de El Reino.<

 

 

Capítulo 4

“Lo Hago” 

 

 Juan 20:21

“¡La paz sea con ustedes!” —repitió Jesús—. “Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes.”

 

Llegará un momento en la vida de un niño en el que querrán hacer todo lo que vean hacer a un adulto. Si eres padre, sabes que esto es algo natural. Ellos te observan, a su padre, hacer algo y es como si un interruptor se enciende dentro de ellos, diciéndoles que también pueden hacerlo. Recuerdo que mis hijas me miraban y con su voz de niñas pequeñas decían: “Lo hago”. Si realmente podían hacerlo o no, no importaba, aun querían hacerlo. Papá lo hacía, así que ellas querían hacerlo. Obviamente, hay ocasiones en que no puedes dejar que lo hagan, por su tamaño, madurez o capacidad. Pero dentro de ellos se encuentra este interruptor automático que dice: “Lo hago”, y si no es ahora, algún día lo harán.

Construida dentro de cada nuevo creyente esta esa actitud de “Lo hago”. Es un paquete con Su mensaje viviente. Una persona que ha sido tocada por el Señor Jesucristo no puede ayudarse a sí misma, quieren que todos conozcan a Jesús y lo que Él puede hacer por ellos. Ellos automáticamente quieren hacer todo lo que ven a Jesús haciendo. Si una persona no quiere imitar a Jesús, algo no conecta. En algún lugar, se les enseñó que solo necesitaban ciertos aspectos para ser como Jesús y el resto no era tan importante. Pero en ninguna parte de la Biblia dice que esto sea cierto.

Un discípulo de Jesús está diseñado por Dios para tener la semilla de Su Hijo e ir y hacer lo mismo que el Hijo. La semilla siempre se reproducirá según su propia especie. La semilla de Jesucristo fue diseñada para reproducir seguidores como Cristo que salen y hacen todo lo que Jesús hizo cuando caminó en esta tierra.

Cuando mis hijos eran pequeños, como decía, hubo momentos obvios en los que no pudieron hacer ciertas cosas. Había limitaciones a lo que podían hacer y no hacer. Cuando tenían tres años no podía dejarlos conducir el auto. Con Jesús no es diferente, el momento de las cosas está en Sus manos porque Él dijo: “Te haré”. Jesús enseñaría, demostraría, formaría y luego instruiría a Sus discípulos para que hicieran lo mismo. Jesús no cambió el proceso, Él todavía lo sigue haciendo. De esto se trata el discipulado. Nunca debemos quedarnos en una etapa infantil de la vida, no pudiéndolo hacer por nosotros mismos. Si Jesús está en ti, entonces debes reproducir Su semilla. Debemos reproducir Su semilla de la misma forma que Él lo hizo con el poder de Dios, a través de milagros, sanaciones y todo lo que se necesita para reproducir Su semilla. Es una oferta de paquete completo.

 Mateo 10:5-8

Jesús envió a estos doce con las siguientes instrucciones: “No vayan entre los gentiles ni entren en ningún pueblo de los samaritanos. 6 Vayan más bien a las ovejas descarriadas del pueblo de Israel. 7 Dondequiera que vayan, prediquen este mensaje: ‘El reino de los cielos está cerca’. 8 Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien de su enfermedad a los que tienen lepra, expulsen a los demonios.

Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente.” NVI

Marcos 6:12-13

 Los doce salieron y exhortaban a la gente a que se arrepintiera. 13 También expulsaban a muchos demonios y sanaban a muchos enfermos, ungiéndolos con aceite. NVI

 Lucas 10:1-3

Después de esto, el Señor escogió a otros setenta y dos para enviarlos de dos en dos delante de él a todo pueblo y lugar adonde él pensaba ir. 2 “Es abundante la cosecha —les dijo—, pero son pocos los obreros. Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que mande obreros a su campo.” 3 ¡Vayan ustedes! Miren que los envío como corderos en medio de lobos. NVI

Lucas 10:8-9, 17

 “Cuando entren en un pueblo y los reciban, coman lo que les sirvan. 9 Sanen a los enfermos que encuentren allí y díganles: ‘El reino de Dios ya está cerca de ustedes’”. NVI

 Cuando los setenta y dos regresaron, dijeron contentos: “—Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.”  NVI

Jesús formó a sus hombres y luego los envió a hacer todo lo que le veían hacer. Les dijo que tenían la autoridad y el poder y les dijo: “Vayan y háganlo”. Tenían que usar el equipo. Podían ver todo lo que Jesús hacía excepto a través de sus manos. Jesús no estaba físicamente con ellos, pero con Su nombre y Espíritu operaban en la misma capacidad que si Él estuviera físicamente con ellos.

El discipulado no es solo enseñar a otros, es también permitirles usar el equipo. Todos Sus discípulos tienen la misma habilidad para reproducir Su semilla. Él ve dentro de ellos, desde el principio, ese niño pequeño que dice “Lo hago”. Jesús sabe que cuándo acuden a Él por primera vez y dicen: “Te seguiré”, un día podrán hacer todo lo que Él hizo.

El propósito no es que un líder sea el único que lo haga, sino que debería estar enseñando a un discípulo a ir y hacer lo mismo. Necesitamos que aquellos que sean maduros nos enseñen y nos guíen de la manera correcta, pero el resultado es ir y hacer lo mismo. El verdadero discipulado nunca se puede hacer solo en teoría, se debe enseñar y demostrar de forma que permita al discípulo poder hacerlo por sí mismo.

Todo lo que Jesús necesita de sus discípulos, Él los vivió y se los demostró. Fue su mensaje siendo probado a aquellos a quienes enseñó. La demostración fue la evidencia del mensaje internalizado. El verdadero discipulado es la enseñanza sistemática y la demostración de la vida de Dios que proviene de alguien que ha permitido que el mensaje crezca internamente. Una persona no puede impartir lo que no tiene internamente. Esto es lo que hace que el discipulado sea tan poderoso. Es el proceso de crecer de lo interno a lo externo. El discipulado exige un aprendizaje individual de alguien que lo tiene dentro y que también puede demostrarlo.

¿Cómo se puede obtener experiencia si no se les da la capacidad de aprender el trabajo y desempeñar el trabajo? La respuesta es obvia, las personas solo obtienen experiencia haciéndolo ellos mismos. Este es el verdadero discipulado, Jesús puso Su semilla en ellos, enseñó a Sus discípulos cómo hacerlo, se los demostró y luego los envió a hacerlo. No hay mejor camino de crecimiento.

Jesús les enseñó el Reino. Luego lo demostró frente a ellos, realizó milagros, sanó todo tipo de enfermedades, resucitó a los muertos y expulsó demonios. Al hacer todo esto frente a ellos, Él dijo: “Ahora el Reino de Dios ha venido”.

El verdadero discipulado es “soltar” a un individuo para que lo haga él mismo. Muchas iglesias buscan líderes o maestros con experiencia, y solo los cualificados necesitan aplicar. Muchos miembros de la iglesia no tienen la oportunidad de ir y hacerlo por sí mismos. No se les enseña a usar todo el potencial del Espíritu de Jesús dentro de ellos. Nunca tienen realmente la oportunidad de usar el equipo. El cristianismo suele reducirse a cómo ser una buena persona, no a cómo tomar el mundo para Cristo. Por este tipo de práctica se mantienen en estado de inmadurez. A muchos solo se les muestra cómo encontrar un asiento cómodo y estar contentos en lugar de que se les enseñe que tienen el poder de dar la vuelta al mundo con Jesús.

Cuando Jesús dijo: “Vengan, síganme y los haré pescadores de hombres”, ¿creemos honestamente que lo que Él tenía en mente eran seguidores que se quedaran como niños, y nunca progresaran o maduraran en su caminar? ¿Cómo podrían los discípulos sentarse y observar a Jesús hacer los milagros, las curaciones, alimentar a los cinco mil, expulsar demonios y no querer tener el turno de hacerlo? De hecho, creo que al igual que un niño viendo a sus padres, observaron a Jesús y dijeron: “Déjame hacerlo ahora, déjame intentarlo, Señor”. A esto Su respuesta fue “Ve”. Hoy, por donde lo veas, esta sigue siendo Su respuesta. Él te está mirando y dice: “Puedes hacerlo, ahora ve”.

 

>Un discípulo de Jesús está diseñado para hacer las obras de Dios.<

 

 

Capítulo 5

Muéstrame Esos Músculos

 

Hebreos 5:14

 En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual. NVI

 

No puedo evitar reírme, pero al mismo tiempo me encanta cuando le digo a mi nieto que me muestre sus músculos. Para ser un niño de tres años, es muy grande para su edad. Muchos creen que es mucho mayor por su contextura y su altura. Sin embargo, cuando le pregunto, Él automáticamente levanta sus brazos en una “postura de bíceps” normal. Obviamente, al tener tres, no hay mucho que ver, pero si cuenta con la cantidad de tiempo adecuada, algún día tendrá algo que mostrar.

Dios no es diferente. ¡Nos mira y dice: “Muéstrame esos músculos”! Obviamente, siendo nuevos en el cristianismo no tenemos mucho que mostrar, pero Dios sabe que con la formación correcta tendremos algo que mostrar un día. La formación es uno de los mayores fundamentos de nuestro caminar cristiano y puede ser una de las prácticas más olvidadas. ¿Por qué tenemos cristianos que se han sentado en iglesias durante años pero que aún no saben mucho sobre las Escrituras ni sobre cómo compartir su fe? Algunos cristianos actúan como si estuvieran agobiados cuando sugieren que forman un hábito de oración, adoración y lectura de su Biblia. Una de las posiciones más tristes con las que se tropieza es con los que aceptan que deben practicar estas cosas, y su respuesta es “mañana”, pero nunca la cumplen.

Todo cristiano debe preocuparse por desarrollar su crecimiento espiritual individual. 

No importa dónde estés en tu camino cristiano, siempre debes preocuparte por crecer en tu relación con Jesús. Si no estamos creciendo, entonces estamos muriendo. Pensar que somos lo suficientemente mayores y maduros como para ponerlo en piloto automático es simplemente incorrecto. No importa la edad que tengamos en el Señor, deberíamos tener prácticas que nos mantengan fuertes, agudos y en sintonía con lo que el Señor dice y hace.

Antes de ingresar al ministerio, fui subcontratista, instalando alfombras. Tenía mi propio negocio. Tuve mi propio camión, mis herramientas y aproximadamente tres o cuatro tiendas me pidieron que instalara las alfombras que vendían. En una semana de trabajo estable, podría ganar buen dinero con mi negocio.

Comencemos con el principio. Conseguí un trabajo con mi suegro trabajando en la instalación de alfombras. No sabía nada sobre alfombras que no fuera que el lado con la imagen o tejido va boca arriba. Cuando empecé a trabajar yo hacía el trabajo duro. Tenía que cargar y traer todo. Finalmente, me enseñaron a hacer las cosas y, lentamente, durante muchos meses me permitían realizar ciertos pasos en el proceso de instalación de la alfombra. Entonces, un día, me dijeron que podía instalar una alfombra yo mismo, por mi cuenta. Y yo pensaba, “Sí, estoy listo”, y me señalaron un pequeño armario. Así es, me pidieron empezar con un pequeño armario en la parte trasera de la casa. Así, si cometía algún error, no pasaba nada. Pero con el tiempo me volví lo suficientemente hábil como para trabajar como instalador y luego, eventualmente, tener mi propio negocio.  

El punto es que tuve que aprender desde cero, desde la parte más pequeña hasta la más grande, hasta entender todo el trabajo y poder hacerlo profesionalmente. Por supuesto que no es diferente con el cristianismo. 

De esto se trata el discipulado, enseñar y formar a una persona para que haga el trabajo de principio a fin, de abajo hacia arriba. Debemos ser formados para hacer la obra de Dios. Comenzamos con algo pequeño y crecemos hasta poder hacerlo por nuestra cuenta. Entonces un día nos damos la vuelta y formamos a alguien más.

Ser enseñados y formados para hacerlo nosotros mismos nos da una ventaja sorprendente en nuestro caminar con Dios. Comenzamos aprendiendo a hacer algo y podemos sentirnos un poco inseguros, pero con el tiempo, practicando continuamente, nos volvemos mejores y ganamos confianza.

El grave problema que les ocurre a muchos creyentes es que no han sido formados para hacer algo. Más bien necesitamos encontrar esas cosas que Jesús practicó y enseñó a Sus discípulos, y comenzar a formarnos a nosotros mismos. Nunca debemos dejar de crecer en nuestro conocimiento. Cualquiera que sea la práctica en la que comencemos a formarnos, debemos llegar a dominarla.

Hay muchos hombres y mujeres que han sido cristianos por años y siguen luchando con practicar la oración, leer su Biblia, escuchar Su voz y pasar tiempo de calidad con el Señor. Estas son verdades simples que todo creyente debe practicar y crecer continuamente en ellas. Obviamente, estas son áreas en las que siempre creceremos, pero la pregunta siempre debe ser ¿seguimos creciendo en estas áreas? ¿Seguimos profundizando o nos hemos estancado y nos hemos paralizado? Quizás nunca aprendiste ciertas prácticas. Recuerda que o creces o mueres, no hay nada en el medio.

La buena noticia es que, no importa dónde estés en tu camino con Jesús, siempre puedes aprender y formarte para crecer como Su discípulo. Nunca somos ni muy jóvenes ni muy viejos para ser utilizados por Dios en Su Reino. Si estás comenzando este camino, encuentra métodos que te formen y te entrenen para tener hábitos que te mantengan fuerte. 

Así como yo empecé con el armario y crecí hasta tener mi propio negocio, necesitamos establecer los hábitos que nos harán crecer en nuestro caminar espiritual. Nuestra formación y práctica en disciplinas Divinas es una necesidad para cada cristiano para mantener un caminar fuerte y saludable con Dios. Mira las siguientes escrituras.  

1 Cor 9:24-27

¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero solo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan. 25 Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre. 26 Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. 27 Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado. NVI

2 Tim 3:16-17

Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, 17 fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra. NVI

1 Tim 4:7-8

Rechaza las leyendas profanas y otros mitos semejantes. Más bien, ejercítate en la piedad, 8 pues aunque el ejercicio físico trae algún provecho, la piedad es útil para todo, ya que incluye una promesa no solo para la vida presente, sino también para la venidera. NVI

Heb 5:14

En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo. NVI

Heb 12:11

 Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa. Sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella.  NVI

Gén 14:14-15

En cuanto Abram supo que su sobrino estaba cautivo, convocó a trescientos dieciocho hombres adiestrados que habían nacido en su casa, y persiguió a los invasores hasta Dan. NVI

1 Crón 5:18

Los rubenitas, los gaditas y los de la media tribu de Manasés contaban con un ejército de cuarenta y cuatro mil setecientos sesenta hombres valientes, armados de escudo y de espada, hábiles en el manejo del arco y diestros en la guerra. NVI

1 Crónicas 25:7

Ellos eran en total doscientos ochenta y ocho, incluyendo a sus demás compañeros, y habían sido instruidos para cantarle al Señor. NVI

Lucas 6:40

 El discípulo no está por encima de su maestro, pero todo el que haya completado su aprendizaje, a lo sumo llega al nivel de su maestro. NVI

Marcos 1:35-36 35

Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. 36 Simón y sus compañeros salieron a buscarlo. NVI  (Marcos 6:46, Lucas 4:42, 6:12)

Con suerte, podemos ver a través de estas referencias de las Escrituras qué tan importante es la formación. Desde guerreros preparados para la batalla, músicos que dirigen el culto, hasta la oración o el estudio de las escrituras, todo lo de la vida y la piedad, los que han sido formados son quienes tienen la ventaja. Es el formado el que sabe qué hacer y el formado a quien Dios usa.

Nuevamente, necesitamos métodos que nos ayuden a formarnos a nosotros mismos. Pero el método está ahí solo para hacerle hacer lo que Él puede bendecir. Estos métodos son para llevar tu corazón al corazón de Jesús y para que ustedes dos puedan comunicarse. 

Cada cristiano que conocerás y sea fuerte en el Señor generalmente tiene algún tipo de sistema, método o práctica en el que se ha formado y que finalmente se convirtió en su hábito.

Dios quiere que un creyente individual tenga una vida fructífera y productiva, y que sepa cómo producir esta vida en los demás. Para que esto ocurra, una persona debe ser formada. Nadie se vuelve bueno en algo a menos que se le enseñe a hacerlo. Cuando asumes un nuevo trabajo, te enseñan qué hacer y cómo hacerlo a su manera, porque saben exactamente lo que quieren y cómo lo quieren. Dios no es diferente. Él toma a un individuo y le enseña Sus caminos y los eleva en la forma en que deben ir. Cuando Jesús les dijo a Sus primeros discípulos: “Te haré”, esto es exactamente lo que Él todavía está haciendo. Ahora echemos un vistazo a lo que el discipulado o formación debe lograr.

 Dirección

La formación te da la dirección individual para tu vida. La dirección ayuda a liberar a un individuo de confusión e indecisión. Con la dirección viene la capacidad de ver el siguiente paso, avanzar y monitorear y medir el crecimiento personal.

  Confianza y Audacia

La formación le permite a una persona crecer en confianza. Cuanto más formados estén en lo que deben hacer, mejores serán en hacerlo. Con la formación constante, no solo aprendes a hacer algo, sino que también podrás dominarlo. Cuanto más competentes somos, más confianza tenemos. Cuando una persona está debidamente formada en cómo hacer algo y se vuelve madura al hacerlo, se vuelve más audaz en su enfoque. El miedo comienza a irse porque han ganado confianza a través de la práctica constante. No solo comienzan a confiar en sí mismos, sino que otros confían en ellos y, lo que es más importante, Dios puede confiar en que lo harán a Su manera. Él puede llamarlos en cualquier momento porque sabe que están equipados para hacer el trabajo.

 Estructura y Disciplina

El discipulado le da a un individuo una forma estructurada de aprendizaje. Muestra un patrón para observar continuamente y una disciplina que puede ayudarlos en otras áreas de sus vidas. También ayuda a un individuo a formar los hábitos correctos. La disciplina les da la habilidad de mantenerse constantes. La consistencia nos ayuda a mantenernos en el camino del crecimiento.

 Poder de Producir

La formación le da al individuo el poder de producir por sí mismo. Una de las mayores emociones en la vida de una persona es cuando ha logrado la capacidad de cuidarse a sí misma. Dios ama ver a la humanidad viviendo vidas fructíferas. Él los diseñó y los creó de esta manera, Él quiere que sean productivos y fructíferos. Esta es la forma más alta de la vida. Esto se perdió a través de la caída del hombre, pero fue devuelto a través de Jesús. Jesús sabía que tenía que formar a Sus hombres para que fueran fructíferos. No iban a saber al instante cómo ser pescadores de hombres o cómo discipular a las naciones. Él sabía que tenían que ser formados para lograrlo.

Hechos 17:6

Estos que han trastornado el mundo entero han venido también acá, AMP

Jesús sigue siendo el creador de hombres y mujeres que pueden salir y dar la vuelta al mundo. Su método fue “Te haré”, y Él todavía está “haciendo” a aquellos que están dispuestos a venir, con todo su corazón, a ser formados por el Maestro.

 

>Un Discípulo cree en ser formado. Un Discípulo de Jesús es enseñado y formado por el Mismo Maestro.<

 

 

Capítulo 6

Vamos, Uno Más      

                                          

Mateo 14:25-29

 En la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. 26 Cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el agua, quedaron aterrados. “¡Es un fantasma!” gritaron de miedo. 27 Pero Jesús les dijo en seguida: “¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo.” 28 “Señor, si eres tú” —respondió Pedro—, “mándame que vaya a ti sobre el agua.” 29 “Ven” dijo Jesús. Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. NVI

 

Cuando era más joven hubo una temporada en la que levantaba pesas. Tres veces a la semana me reunía en el gimnasio con un amigo y realizábamos una rutina de levantamiento extenuante. Según el día, nos alternábamos entre diferentes grupos musculares. Principalmente, estábamos tratando de agrandarnos en tamaño y fuerza muscular. Esto exigiría que nos forzáramos más allá de donde estábamos la semana anterior. Lo mejor para mí era tener un amigo con quien hacerlo porque tendría la tendencia a no esforzarme tanto. Me gustaba ir fácil conmigo mismo. Sin embargo, había un amigo en mi oído que decía: “Vamos, uno más. Vamos, pon un poco más de peso”.

Cuando pienso en Pedro en el bote y sus valientes palabras: “Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti sobre el agua”, y por supuesto Jesús le dice: “Ven”. Aunque muchos se enfocan en el hecho de que Pedro vio las olas y comenzó a dudar y comenzó a hundirse, solo se han registrado dos personas que han caminado sobre el agua, Jesús y Pedro. A pesar de que comenzó a hundirse, hubo un breve e increíble momento en el que caminó sobre el agua todo porque Jesús le dijo que viniera. “Puedes hacerlo Pedro, ¡vamos, uno más!”.

Parte de la formación es tener personas que te empujarán más allá de lo que crees que puedes hacer. Encuentra a los buenos, para que puedas ir más lejos de lo que crees que puedes. El discipulado es un empuje divino. Es desafiar continuamente a un individuo a moverse y crecer en su caminar cristiano. Es ir detrás de un individuo y señalarle continuamente la dirección correcta, mostrándoles qué hacer y cómo hacerlo. El empuje divino es sobre el crecimiento del individuo y empujarlo hasta que sepa cómo hacerlo y pueda enseñar y capacitar a otros. Siempre se tratará de sobresalir y lograr lo que Dios quiere para ellos. Se trata de empujar hacia adelante, no hacia abajo. Les ayuda a darse cuenta de cómo llegar al siguiente nivel y les muestra cómo se puede hacer y cómo pueden hacerlo.

Jesús estaba constantemente instruyendo y demostrando a sus discípulos para sacar el máximo provecho de sus vidas. Muchas de las cosas que Jesús hizo con sus discípulos se consideraría hoy como señalar las fallas de alguien y tal vez incluso atacarlos por ellas. Más bien, Jesús continuamente buscaba empujarlos en la dirección a la que debían ir para obtener lo mejor de ellos. Él hizo todo lo posible para que crecieran, y para sobresalir en todo lo que Dios tenía para ellos. No temía sacarlos de sus zonas de confort, llevarlos más allá de ellos mismos y a las vidas que estaban destinados a llevar.

El camino más rápido para el crecimiento es hacer que un individuo lo haga por su cuenta. La mayoría de las personas que son buenas en algo lo hacen bien porque lo practican constantemente. Cuando una persona comienza a hacer cosas por sí misma, sin duda, tendrá errores. Por eso practicamos, para ser buenos en lo que hacemos. El discipulado es caminar con alguien a través de esta etapa de crecimiento. Podemos estar allí con ellos, pero hay que dejarlos que lo hagan y, finalmente, permitirles que lo hagan sin ti.

Para que este reino tenga lugar, nunca debemos tener miedo de ser desafiados o corregidos por otros que nos están enseñando y formando. Necesitamos controlar nuestros sentimientos y asegurarnos de que no lo tomamos como algo personal. En su lugar, observa lo que están diciendo para hacerlo mejor la próxima vez.

Siempre debemos ser lo suficientemente humildes para aceptar las correcciones y nunca debemos temer que nos desafíen a hacer lo que es necesario para nuestro Rey. De la misma forma, nunca debemos temer desafiar o corregir a otros con la actitud correcta de corazón.

Hebreos 10:24-25

 Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras.

2 Tim 2:3-7

 Comparte nuestros sufrimientos, como buen soldado de Cristo Jesús. 4 Ningún soldado que quiera agradar a su superior se enreda en cuestiones civiles. 5 Así mismo, el atleta no recibe la corona de vencedor si no compite según el reglamento. 6 El labrador que trabaja duro tiene derecho a recibir primero parte de la cosecha.

Prov 27:17

 El hierro se afila con el hierro, y el hombre en el trato con el hombre.

2 Cor 9:2

 Porque conozco la buena disposición que ustedes tienen. Esto lo he comentado con orgullo entre los macedonios, diciéndoles que desde el año pasado ustedes los de Acaya estaban preparados para dar. El entusiasmo de ustedes ha servido de estímulo a la mayoría de ellos.

1 Tes 3:2-3

 Así que les enviamos a Timoteo, hermano nuestro y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo, con el fin de afianzarlos y animarlos en la fe 3 para que nadie fuera perturbado por estos sufrimientos.

1 Tes 5:11

 Por eso, anímense y edifíquense unos a otros, tal como lo vienen haciendo.

No tengas miedo de desafiar a quienes te rodean, pero no de forma arrogante o con una actitud de “Lo sé todo”, sino de forma alentadora. Hazles saber qué crees que pueden hacerlo, sé su mayor fanático. Ayude a edificar a tus hermanos y hermanas para ir más lejos en Dios. Esto pasa a ser una tremenda fuente de estímulo para tu propio camino.

Tres cosas ocurren usualmente cuando hacemos esto. Primero, para desafiar a otro a crecer, nosotros también debemos crecer en esta área. Segundo, debemos estar dispuestos a desafiarnos a nosotros mismos. Tercero, cuando sembramos ánimo, cosechamos ánimo. La verdad es que cuando hable con una persona desanimada, dígale que la mejor formar de superar su desaliento es ir y alentar a otra persona.

Un discípulo de Jesús debe ser un hombre o una mujer que sea el más grande creyente en las personas. Las palabras de fe y esperanza siempre deben venir hacia tu hermano o hermana. Debemos ser rápidos para animar y orar por ellos cuando sea necesario. Siempre debemos estar pensando en cómo sacar lo mejor de Jesús de una persona. Al hacer esto, también sacarás lo mejor de Jesús de ti. Si ves el éxito de los demás en Dios, también verás tu propio éxito. No tengas miedo de decirle a tu hermano o hermana cómo hacerlo mejor o las formas de fortalecerse. Al hacer esto, llegarás a un lugar de crecimiento en las mismas áreas.

Como algunas personas no quieren ser desafiadas, se asegurarán de no desafiar a nadie más. También ahogan su propio crecimiento. Nunca debemos temer ser empujados u obligados a hacerlo. No hay nada más alentador para una persona que está cansada que un hermano o una hermana se pare a su lado y diga: “Puedes hacerlo, ¡vamos, uno más!, estaré aquí contigo”. Esto no solo se convierte en una poderosa fuente de fuerza para ellos, sino también para ti.

Fil 2:3-5

 No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. 4 Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás. 5 La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús:

 

>Un Discípulo se desafía continuamente a crecer y cambiar para mejor.

Su Discípulo da la bienvenida al desafío de crecer como Jesús quiere que crezcan.<

 

Capítulo 7

¿Cómo Dices Baño?

 

2 Tim 2:2

 Y las [instrucciones] que han escuchado de mí junto con muchos testigos, transmiten y confían [como depósito] a hombres confiables y fieles que serán competentes y calificados para enseñar a otros también. AMP

 

Estaba orando una mañana y creí que el Señor me dijo que fuera a un viaje misionero. Nunca había estado fuera del país. No escuché dónde ni cuándo, así que puse esto en mi lista mental de cosas que hacer.

En el pastoreo de la iglesia traíamos muchos oradores invitados durante todo el año. En una de esas ocasiones le pregunté al orador invitado si iba a realizar algún viaje al extranjero pronto y si, en caso afirmativo, podría asistir. Él me dijo: “Sí” y me dio un poco de información. Nunca más supe de él. Bueno, un par de meses antes, aún sentía que el Señor me estaba diciendo que fuera a un viaje misionero. Nuevamente, cuando un orador invitado diferente se acercó, le pregunté lo mismo: “¿Puedo acompañarte en tu próximo viaje al extranjero”? Él dijo, “Sí”. Pero a diferencia de la primera persona a la que le pregunté, esta persona me dio detalles y en realidad me guio a través de todo lo que tenía que hacer desde el pasaporte hasta el boleto. Fue muy detallista.

Así que fui a mi primer viaje fuera del país para ministrar con él. Fue un gran instructor y me mostró qué pensar y cómo hacer las cosas en un país donde no hablábamos el mismo idioma. Incluso me mostró cómo llenar formularios para las aduanas y demás. Me enseñaron a ser inteligente y cuidarme la espalda. Me dijo que siempre tuviera una idea aproximada geográficamente de mi ubicación en la ciudad, así sabía a dónde iría y cómo regresar.

Aprendí a mantener una tarjeta de hotel o una dirección conmigo, para que, si me perdía, pudiera simplemente tomar un taxi y mostrarles la dirección. No es necesario dominar un idioma para hacer eso. Todavía recuerdo que me dijo una cosa muy importante que hacer, aprender a preguntar “dónde está el baño” en su idioma. Me reí cuando dijo esto, pero a lo largo de los años, después de haber estado en varios países, todavía sé lo realmente importante que es aprender eso.

Me ayudó a sentirme confiado, tres meses después volví con mi esposa al que fue su primer viaje fuera del país y mi segundo. Al año siguiente tomé dos equipos. Desde ese día hasta ahora he estado en más de treinta países. He liderado múltiples equipos con entre veinticinco y treinta personas en algunos de ellos. Literalmente cientos de personas han estado conmigo en viajes misioneros a lo largo de los años y para muchos de ellos fue su primera vez. Siento que gran parte de esto se debió al hombre que me discipuló en mi primer viaje.

Todavía me siento muy en deuda con el ministro que se tomó el tiempo de enseñarme qué hacer y cómo hacer estas cosas. Este ministro, diría yo en el verdadero sentido de la palabra, fue quien me discipuló en misiones. Lo que comenzó como una palabra del Señor se convirtió en parte de mi corazón para Dios. También, lo que hizo que esto fuera tan bueno fue que me enseñara de la manera correcta. Es responsabilidad de cada discípulo transmitir lo que el Señor Jesús ha puesto de Sí Mismo en ellos a la siguiente persona y la próxima generación. 

Hay un dicho: “Dale a un hombre un pescado y lo alimentas una vez, enséñale a pescar y lo alimentarás para toda la vida”. Sin embargo, el discipulado te lleva un paso más allá y te enseña que ahora debes enseñar a otros a pescar. 

No es suficiente simplemente enseñar a pescar a un hombre, debemos asegurarnos de que en este proceso sepan cómo transmitir la enseñanza y la formación. Tienen que entender que ahora deben transmitir el conocimiento que han adquirido. Muchos han comido, algunos incluso han aprendido a pescar, pero por lo general se detienen allí. Realmente no tienen ningún deseo de pasar de ahí. La pesca se ha vuelto egoístamente motivada. Es solo por lo que pueden obtener, y no tienen pensamiento de transmitirlo. Aunque pueden aventurarse a ayudar, no les enseñan a otros cómo hacerlo por sí mismos. Esto es mucho del mensaje del Evangelio de hoy, con muy poco acerca de enseñar a las personas a hacerlo. Usted escucha: “Es la responsabilidad de alguien más”, “No estoy calificado, esa es la responsabilidad del pastor”. Pero todo lo que Dios nos ha dado estaba destinado a ser reproducido y transmitido a la siguiente generación por aquellos a quienes Él se lo ha dado.

Mat 25:29

 Porque a todo el que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. NVI

A menos que lo que se está enseñando sea reproducible y el individuo sepa que debe enseñar y capacitar a otros, eventualmente morirá. La próxima generación tendrá una versión realmente diluida o débil del Reino porque nadie se tomó el tiempo de enseñarles cómo transmitir las verdades del Reino. El verdadero discipulado debe transmitirse en su totalidad. No debemos transmitir solo algunas partes o medias verdades, sino que debemos transmitir todo lo que Jesús tiene para la próxima generación. No debemos darles una versión “adecuada” o “aceptable”, sino toda la “Verdad” en toda su fuerza y poder.

Juan 17:20-21

 “No ruego solo por estos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, 21 para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti. Permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.” NVI

2 Tim 2:2

 2 Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, encomiéndalo a creyentes dignos de confianza, que a su vez estén

capacitados para enseñar a otros.

                        

>Un discípulo de Jesús imparte las verdades que ha aprendido a otros<

Capítulo 8

¿A Quién Está Mirando?

 

Col 3:10

 y se han puesto el de la nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a imagen de su creador. NVI

Col 3:10

Y se han revestido con el nuevo [ser espiritual], que está [siempre en proceso de ser] renovado y remodelado en conocimiento [más completo y más perfecto sobre] conocimiento después de la imagen (la semejanza) de Aquel que lo creó. AMP

 

Mi esposa y yo hemos estado casados 42 años. Tenemos muchas cosas en común. No sé si siempre las hemos tenido, pero hemos vivido juntos como dice la Biblia, de manera comprensiva. Después de tantos años, finalmente empiezas a pensar igual, y la lista de cosas que te gustan y que no te gustan empieza a ser la misma.

A lo largo de los años, hemos comprado ropa que hace juego, como chaquetas, suéteres, camisetas o sudaderas, y las usábamos cuando salíamos juntos. Nuestro objetivo era parecernos. Ahora, cuando nos miras, obviamente verás la diferencia entre los dos, pero también sabrás instantáneamente que estamos juntos porque tenemos algo que coincide al exterior. Esta combinación externa de ropa habla de algo que tenemos internamente de nuestra unión. Nos mirarías a los dos y al instante pensarías que estamos casados o incluso podrías pensar que nos amamos. Definitivamente pensarías que compartimos algo en común. Lo externo refleja algo que tenemos de nuestra vida interior que compartimos juntos. Cuando se trata de ser un discípulo de Jesús, el reflejo interno del externo debería ser el mismo. El objetivo de un discípulo de Jesús es ser como él.

Hechos 11:26

Fue en Antioquía donde a los discípulos se les llamó «cristianos» por primera vez. NVI

En esta escritura, llamarse cristiano significaba que eran como Cristo. Cuando miraron a estos discípulos vieron sus semejanzas con Jesucristo. Esta debe ser la meta de cada discípulo para llegar a ser como Jesús en todas las formas posibles.

Apliquemos un proceso de pensamiento diferente. Digamos que el cristianismo es ilegal y has sido arrestado. ¿Serías declarado culpable de este crimen? ¿La evidencia sería tan abrumadora que un jurado no tardaría más de un minuto en declarar que eres culpable de lo acusado? Sin lugar a dudas, eres como Jesús. Tus acciones, tu discurso y la forma en que vives tu vida es como Jesús. Aunque puede haber una diferencia obvia exteriormente, hay muchas cosas que tienes en común con Jesús que hacen que la gente te mire y diga que eres como Cristo. Lo externo sería que ambos estuvieran usando la misma ropa.

Nos encontramos con personas todo el tiempo que dicen que son cristianos pero que no parecen ser como Jesús. Su conducta exterior no refleja lo que sabemos acerca de Cristo. Cuando los discípulos fueron llamados cristianos por primera vez fue porque estaban exhibiendo acciones de Cristo. Esto es en realidad lo que significa el término cristiano “ser como Cristo”.

A medida que un discípulo crece y madura, debe transformarse más y más a la imagen de Cristo. Su vida debe estar mostrando las acciones de Jesús. Este proceso de aprendizaje significa literalmente que estás siendo moldeado y formado lentamente en su imagen. Todo lo que has aprendido ahora es mostrar y demostrar a los demás lo que es ser un seguidor de Jesús, un cristiano.

Lucas 6:40

 El discípulo no está por encima de su maestro, pero todo el que haya completado su aprendizaje, a lo sumo llega al nivel de su maestro. NVI

 

Jesús es el maestro y todos los que son discípulos (alumnos, alumnos) deben aprender y crecer hasta que sean como el maestro. Entonces será su turno de enseñar y demostrar lo que es ser un discípulo a los demás.

1 Cor 15:49

 Y, así como hemos llevado la imagen de aquel hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial. NVI

2 Cor 3:18

 Y todos nosotros, como con la cara descubierta, [porque] continuamos contemplando [en la Palabra de Dios] como en un espejo la gloria del Señor, estamos constantemente transfigurados a su propia imagen en un esplendor cada vez mayor y de una sola vez. Grado de gloria a otro, AMP

Col 3:10

Y se han revestido con el nuevo [ser espiritual], que está [siempre en proceso de ser] renovado y remodelado en conocimiento [más completo y más perfecto sobre] conocimiento después de la imagen (la semejanza) de Aquel que lo creó. AMP

Una vez más, nuestra meta es crecer tanto como sea posible a la imagen y semejanza del Señor Jesucristo. Esto no es un misterio. Esto es lo que Dios, nuestro Padre celestial, quiere para nosotros, que seamos como Su Hijo, Jesús. Dios invirtió todo en Su Hijo y ahora nos da la capacidad de ser como Él. El primer hombre, Adán, cayó en pecado y empañó la imagen de Dios dentro de él. (Gen 1:26) El Señor ya no podía estar completamente en comunión con Su creación porque ya no era completamente Su imagen. Pero a través de la muerte y resurrección de Jesús se nos ha devuelto la imagen. Esta imagen es ahora Jesucristo. Por eso nos esforzamos por aprender a ser como Cristo. Este es el diseño original de cómo éramos destinados a ser. Así como las Escrituras declaran que cuando miramos Sus palabras, es como mirar un espejo que refleja su imagen hacia nosotros.

No estamos aprendiendo a ser como otro hombre. No estamos siendo moldeados en un programa. Nos estamos convirtiendo en el Maestro. Podemos aprender de otros maestros y de programas siempre y cuando nos señalen a Jesús. El objetivo principal de todos los programas y todos los maestros debe ser enseñar y capacitar a un individuo para que sea como Cristo. Los primeros escritores del nuevo testamento sabían que esta era la meta. Mira cómo vieron esto.

1 Cor 11:1

Imítenme a mí, como yo imito a Cristo. NVI

1 Cor 4:16-17

16 Por tanto, les ruego que sigan mi ejemplo. 17 Por esta razón te envío a ti Timoteo, mi hijo a quien amo, que es fiel en el Señor. Te recordará mi forma de vida en Cristo Jesús, que está de acuerdo con lo que enseño en todas partes en cada iglesia. NVI

Hebreos 6:12

sino para imitar a quienes, a través de la fe y la paciencia, heredan lo prometido. NVI

Heb 13:7-8

Acuérdense de sus dirigentes, que les comunicaron la palabra de Dios. Consideren cuál fue el resultado de su estilo de vida, e imiten su fe. 8 Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos. NVI

1 Pedro 2:21

21 Para esto fueron llamados, porque Cristo sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan sus pasos. NVI

1 Juan 2:6

6 El que afirma que permanece en él debe vivir como él vivió. NVI

El resultado de enseñar y formar a otro es muy claro, deben ser como Jesús. El proceso debe continuar hasta que esta persona que se conforma a su imagen enseñe y forme a los demás sobre cómo ser conformado a su imagen. Este es el verdadero corazón del discipulado. Si quieres ser un discípulo, ésta siempre será la meta.

Una vez más, la meta u objetivo del discipulado es que un hombre o una mujer se transforme a la imagen de Cristo. Una semilla de manzana produce un manzano que da fruto con más semilla, por lo que un cristiano comienza con la semilla de Cristo en él. Esta semilla debería eventualmente producir un cristiano maduro que dé frutos semejantes a Cristo en otros.

 

>Un discípulo debería estar creciendo diariamente en la imagen de Cristo.<

 

 

Capítulo 9

Eso Es Caro

 

 Gal 2:20

He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. NVI

 

A principios de la década de 1900, John G Lake contó una historia a sus misioneros en Sudáfrica, según la cual su organización se había quedado sin dinero. Como su dinero se había terminado, no tenían suficiente para mantener a su gente en el campo de la misión. Así que, a un gran costo, el Sr. Lake los sacó del país para reunirse con todos ellos ya que él era el jefe de la organización. Les informó que no había dinero para apoyarlos en este momento y que no podía pedirles que regresaran sin recibir fondos.

En esta reunión, discutieron muchas cosas, pero al final de su tiempo juntos, le pidieron al Sr. Lake que saliera de la sala y luego, después de un rato, le pidió que regresara. Dijeron: “Hemos tomado una decisión de no abandonar el trabajo. Volveremos si tenemos el dinero o no para apoyarnos. Si morimos, entonces morimos, pero no renunciaremos al trabajo”. Tenían una petición, si morían, él sería el que los oficiaría y los enterraría. Tomaron la comunión y, según la historia, enterró a 28 hombres, mujeres y niños al año siguiente. 

Puedes leer la historia completa escrita por John G Lake en nuestro sitio web htps://www.rubiconministries.com/node/19

Leí historias como estas y me dan una imagen diferente para ayudarme a comprender el verdadero valor de la vida y de las bendiciones de Dios en nuestras vidas. Me revela que ser un discípulo de Jesucristo debería costarme la vida.

Para ser un discípulo, un verdadero seguidor, Jesús dejó muy claro lo que iba a ser necesario. No endulzó nada, sino que dijo todo al frente y no temía que la gente lo viera. Sabía que tenía que revelar todo lo que les llevaría seguirlo. Quería asegurarse de que tuvieran un claro entendimiento.

Mateo 16:24-28

 Luego dijo Jesús a sus discípulos: “Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. 25 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará.”

  

Lucas 14:25-33

Grandes multitudes seguían a Jesús, y él se volvió y les dijo: 26 “Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. 28 Supongamos que alguno de ustedes quiere construir una torre. ¿Acaso no se sienta primero a calcular el costo, para ver si tiene suficiente dinero para terminarla? 29 Si echa los cimientos y no puede terminarla, todos los que la vean comenzarán a burlarse de él, 30 y dirán: “Este hombre ya no pudo terminar lo que comenzó a construir”. 31 O supongamos que un rey está a punto de ir a la guerra contra otro rey. ¿Acaso no se sienta primero a calcular si con diez mil hombres puede enfrentarse al que viene contra él con veinte mil? 32 Si no puede, enviará una delegación mientras el otro está todavía lejos, para pedir condiciones de paz. 33 De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo.”

Parte de los requisitos para seguirlo es que deben odiar a padre, madre, esposa, hijos, hermano y hermana. Como uno de los diez mandamientos era honrar a tu padre y a tu madre, sabemos que Jesús no tenía la intención de que fueras a casa y comenzaras a odiar a tus padres.

Más bien, Él estaba haciendo el punto para seguirlo, tendrían que estar dispuestos a dejar todo atrás. Esto fue para enfatizar cuán fuerte era el compromiso que Jesús requería. Continúa diciendo que debes negarte a ti mismo y recoger tu cruz. Esto fue para que todos los que querían venir y seguirlo a Él sepan que les costará todo, lo que Él declara en Lucas 14:33.

Hoy, tenemos cristianos a medias, aquellos que piensan que seguir a Jesús significa asegurarse de estar en la iglesia la mayor parte del tiempo. Ellos dan solo una parte de sus vidas a la causa del Reino. Sin embargo, Jesús está queriendo el cien por ciento de nuestras vidas. El planteó “todo” del costo a pagar, sin letra pequeña ni oculta. Esto fue para tomar decisiones de calidad. Sabía que, si iba a hacer de ellos un cambio de mundo, requeriría todo el corazón. No se podía hacer con la mitad del corazón. Jesús sabía que si estos hombres pagarían el precio podría enviarlos con poder para construir su Reino. Él les estaba confiando Su Reino, lo cual no era algo que Él sabía que podía ser confiado a aquellos devotos de vez en cuando.

Cuando le das todo a Jesús, Él te da Su vida y te permite compartir el Reino que heredó de Su Padre. Sabía que tenía que cobrar lo más preciado. Después de todo, iban a ganar el premio más preciado de todo el universo, visto y no visto.

¿Por qué tenemos cristianos tibios que están más interesados en lo que pueden obtener de Dios para esta vida? ¿Por qué no están corriendo tras Él con verdadera pasión o celo? ¿Podría ser parte de esa razón que nunca hayan conocido el precio, que nunca se les haya pedido que renuncien a todo? Jesús incluso fue tan lejos como para decirnos que llevemos nuestra cruz diariamente. ¿Cuánto más claro pudo haberlo hecho? Para dar a sus seguidores toda la autoridad del cielo aquí en la tierra, necesitaba saber quién sería digno de manejarlo.

Si quieres seguir a Jesús, entonces tendrás que llevar tu cruz diariamente, negarte a ti mismo y odiar cualquier cosa que intente interponerse entre tú y Jesús. Entonces, si es tu deseo construir Su Reino, entonces Él te pedirá requerirá estas cosas.

●    Lo que quieras ocupará el segundo lugar de lo que quiere Jesús, que es Su voluntad y el plan del Reino.

●    Ten tu mente completamente puesta en las cosas de Dios.

●    Todo lo que eliges hacer ahora debe glorificarlo y honrarlo.

●    Nunca más te preocupes ni prestes importancia a lo que el hombre piensa o quiere, sino a lo que Dios piensa y quiere.

Las Escrituras dicen que verdaderamente debes perder tu vida y entregarla completamente a Él. Este es el costo normal de seguir a Jesús. Ten en cuenta también que este costo se pagará por adelantado, la parte de “seguir” se produce después de negarnos a nosotros mismos y recoger nuestra cruz. A muchos se les ha enseñado solo a seguir, pero en poco tiempo lo necesario parece demasiado. Así que en lugar de eso siguen solo a medias o cuando les conviene.

A lo largo de las generaciones del cristianismo esto se ha mezclado mucho. Hay personas que dan sus vidas a Jesús sin saber que hay un costo. Gran parte de la cristiandad ha logrado que la gente acepte a Jesús porque solo se les ha dicho la parte de “ven” o “síguelo” sin el costo. Jesús siempre necesitó que ocurriera un cambio. Él dijo: “Ven, niega tu vida, levanta tu cruz y luego sígueme”. Permíteme ser claro, necesitamos la parte de “venir” y “seguir”, pero también necesitamos la parte de “negarte a ti mismo” y “recoger tu cruz”. 

Como esto falta en muchos casos, tenemos cristianos que profesan que son simplemente personas “buenas” que no revelan ninguna relación profunda con Dios. No tienen consistencia, ni poder de permanencia, ni crecimiento real ni compromiso verdadero con su causa. Cuando las cosas se ponen difíciles, simplemente renuncian, se rinden o mantienen un estado de complacencia.

Tenemos que entender que nada del Reino de Dios puede construirse con este tipo de corazón. Solo lo pueden construir hombres y mujeres que ya hayan calculado el costo y hayan aceptado pagarlo. Están verdaderamente muertos a sí mismos y vivos para él. Entienden que les costará todo y lo han aceptado. Este es el tipo de corazón y mente que Jesús puede usar para formar un discípulo que pueda construir Su Reino.

Una vez escuché una historia que ilustra esta verdad. Hace mucho tiempo, cierto rey estaba siendo atacado por otro rey con un ejército de veinte mil. El rey atacado tenía solo diez mil hombres. El rey atacante envió una delegación para ofrecer los términos de rendición. Cuando la delegación se acercó, dijeron: “Tenemos un ejército de veinte mil hombres listos para atacar.” El rey atacado hizo que uno de sus soldados se adelantara y dijera: “Déjame mostrarte contra qué te enfrentarás”. Luego le dijo al soldado que se arrojara sobre su espada. El soldado obedeció al instante. El rey miró a la delegación y dijo “Tengo diez mil hombres así. Están dispuestos a morir a mi orden. Mi consejo es dar vuelta a tu ejército e irte antes de que ataque”.

Ser un discípulo de Jesús es estar totalmente dedicado a la causa, pase lo que pase. Para ser un verdadero constructor del Reino, debes estar dispuesto a darlo todo, incluso tu propia vida, si es necesario. La vida siempre será igual al precio que se paga. Jesús esencialmente dijo que si no lo haces de la manera que Él lo hizo no puedes ser Su discípulo. Antes de que podamos ser verdaderamente formados para representar y construir Su Reino, debemos convertirnos en discípulos. Para convertirnos en discípulos debemos negarnos a nosotros mismos, llevar nuestras cruces, renunciar a todo por Él y luego seguirlo. A su vez, Él sabe que se le puede confiar su autoridad y poder. Él puede aconsejarte sobre Sus planes y propósitos para la humanidad. Pero la mayor parte es que Él puede confiar en que lo reproducirás en otros hombres y mujeres de la manera correcta.

La vida cristiana no se trata de lo que puedes obtener de ella. Se trata de estar dedicado y comprometido con la causa de Su Reino hasta el punto de dar tu vida por Su vida.

Este es el tipo de persona que Jesús permitirá que sea su discípulo. Estás listo y dispuesto a caer sobre tu espada por el Rey. Habiendo tomado la decisión de pagar el precio, puedes seguirlo y Él puede convertirte en su campeón mundial.

Marcos 8:34-38

 Entonces llamó a la multitud y a sus discípulos. “Si alguien quiere ser mi discípulo —les dijo—, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz y me siga. 35 Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa y por el evangelio la salvará. 36 ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida? 37 ¿O qué se puede dar a cambio de la vida? 38 Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.”

Juan 12:23-26

“Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado —les contestó Jesús—. 24 Ciertamente les aseguro que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero, si muere, produce mucho fruto. 25 El que se apega a su vida la pierde; en cambio, el que aborrece su vida en este mundo la conserva para la vida eterna. 26 Quien quiera servirme debe seguirme; y donde yo esté, allí también estará mi siervo. A quien me sirva, mi Padre lo honrará”.  

Ahora que entendemos el costo, necesitamos saber a qué se refería Jesús cuando dijo que lo siguieran. Veamos lo que realmente significa esta palabra.

●     Perseguir enérgicamente, como un cazador que sigue las huellas de un animal hasta que finalmente obtiene su presa.

●     Imitar a alguien o lo que ves hacer a otra persona, sus pensamientos (pensar como lo harían), caminar como lo harían, sus movimientos, hablar como lo harían, actuar exactamente como lo haría esa persona.

●     Estudiar intencionalmente la vida, hechos, acciones y pensamientos de otra persona en un intento por comprender completamente a esa persona y luego replicar sus atributos en la propia vida.

●     Acompañar incansablemente a alguien, estar constantemente al lado de un individuo, estar siempre cerca de alguien, como un compañero fiel que siempre está a su lado.

Seguir a Jesús significa venir detrás de Él y caminar de la misma forma que Él camina. Hacerlo de la misma manera que Él lo hace, adherirse al mismo patrón de vida con el Padre, como lo hizo y lo sigue haciendo. Ser visto actuando, mirando y mostrando los mismos atributos que Él. Obviamente, tenemos que ver cuán importante es ser formado por el mismo Jesús. No puedo hacerlo como Él a menos que Él me dé la formación para hacerlo como Él. También significa que Él tiene que estar completamente a cargo. Él tiene que ser el líder.

Por supuesto que debemos entregarnos a Él al cien por ciento. Su vida, Sus caminos, Su voluntad y Su reino solo funcionarán y operarán en nuestras vidas según este patrón. Para realmente recibir todo lo que Dios tiene para ti y lograr todo lo que Dios quiere lograr a través de tu vida por Él, debes hacerlo de la forma en que Él te instruye. No hay otras formas o métodos a seguir, sino el Suyo. Ahora debemos imitar y emular a Jesús adoptando Sus caminos, Sus palabras y ajustándonos completamente a Su voluntad. 

Debemos aprender a pensar como Él pensaría, actuar como Él actuaría y responder como Él respondería. Cualquier cosa menos nos descalificaría de ser Sus discípulos.

Somos completa y totalmente Suyos, para ser moldeados, formados y entrenados en lo que Él desea. Este ha sido siempre el costo para todos los que a lo largo de la historia han sido Sus discípulos, y Su vida en ellos en su máxima medida siempre ha sido la recompensa.

 

>Un discípulo siempre está dispuesto a pagar el precio.<

 

 

Capítulo 10

Pueden Ocurrir Lesiones Fatales

 

  Fil 2:5

La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús,

 

Era el decimosexto cumpleaños de mi hija. Para hacerlo especial y algo que siempre recordara, la sorprendí con practicar paracaidismo bajo techo. Nunca lo había hecho y ella tampoco, así que fuimos. Llegamos a las instalaciones y nos registramos para nuestro turno. Había un enorme ventilador en el suelo en una sala de cilindros redondos con una puerta para entrar y salir. Entras en la habitación y encienden el ventilador en alto, te colocas en cierta posición y empuja tu cuerpo hacia arriba para que estés flotando en el aire.

Mientras esperábamos nuestro turno, dimos una vuelta por la tienda de regalos. Comenzamos a notar señales en todas partes que indican que esto era peligroso y que pueden ocurrir lesiones graves, incluso fatales. Mi hija y yo comenzamos a reírnos un poco nerviosamente y nos preguntábamos qué demonios íbamos a hacer. ¡Vinimos a divertirnos juntos, no a herirnos!

Así que me acerqué y le pregunté a la persona a cargo si habían sucedido muchos casos de lesiones a lo que dijo: “No, si escuchas al instructor y haces lo que te dice, estarás bien”. Bueno, después de firmar documentos legales que decían que no eran responsables si algo nos pasaba, nos llevaron a una sala de capacitación. El instructor nos dijo qué hacer para que no nos lastimáramos. 

Por supuesto, escuchábamos cada palabra que decía y nuestra actitud era que haríamos todo de la manera en que nos dijo que lo hiciéramos. Todo salió bien, por supuesto, nos lo pasamos genial y compramos una camiseta.

Para ser verdaderamente formado, debes tener la actitud correcta, debes estar dispuesto. Tiene que haber un corazón dispuesto. Muchos quieren lo que Dios quiere para ellos, pero no están dispuestos a mantener una actitud correcta. La voluntad significa que estás listo para hacer lo que Él quiere, cuando Él quiere, sin preguntas. Tu actitud debe ser: “Soy tuyo, Señor, para que pidas y ordenes. Haré lo que sea necesario para lograr lo que Tú quieras, Señor”.

Este tipo de actitud comienza al principio al estar dispuesto a escuchar y hacer exactamente lo que se te enseña y forma. Por ejemplo, para garantizar nuestra seguridad, todos escuchamos al instructor en nuestra experiencia de paracaidismo. Nuestros corazones se dedicaron a escuchar y hacerlo exactamente como el instructor nos estaba enseñando. Como discípulo de Jesús, debes tener la misma actitud para escuchar lo que Él te está diciendo y tener cuidado de hacerlo de esa manera. Ser Su discípulo significa que todos tenemos oídos para escuchar cómo hacerlo a su manera para que podamos hacerlo de la manera correcta.

Mateo 4:19-20

 “Vengan, síganme —les dijo Jesús—, y los haré pescadores de hombres”. 20 Al instante dejaron las redes y lo siguieron.

Lucas 5:10-11

“No temas; desde ahora serás pescador de hombres” le dijo Jesús a Simón. 11 Así que llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, siguieron a Jesús.

Mateo 4:21-22

Jesús los llamó, 22 y dejaron en seguida la barca y a su padre, y lo siguieron.

  A Sus discípulos, Jesús les hizo una simple declaración: “Vengan, los haré” Qué evento tan poderoso le puede suceder a un grupo sin formar de hombres ordinarios. El Maestro les dice que los convertirá en lo que Dios siempre ha determinado que debían ser. El Maestro sigue pidiéndole a los hombres y mujeres ordinarios que vengan y lo sigan, y Él hará las cosas. La creación de estos hombres vendría de Jesús mismo.

Es importante entender que Jesús puede y usará muchas maneras de hacerte crecer y madurar en lo que Él quiere de tu vida. Usará diferentes maestros y enseñanzas, diferentes pastores y consejeros. Él usará a otros hombres y mujeres de Dios más maduros que tú para enseñarte y formarte en el pescador de hombres que Él quiere que seas. Por supuesto, aquí es donde debemos mantener la actitud correcta y un corazón dispuesto.

Muy a menudo, las personas adoptan una actitud equivocada al elegir y decidir qué y cómo quieren aprender. Creen que saben más o les disgusta la persona que los está formando. Estas son actitudes equivocadas y nos impedirán crecer.

Más bien concentrémonos en una parte diferente de este evento. La escritura nos dice que inmediatamente dejaron todo para seguir a Jesús. Para hacer esto tenía que haber una buena voluntad de su parte. La voluntad es una necesidad absoluta para convertirse en un discípulo. Funciona a favor del seguidor que está siendo formado, así como a favor de Jesús, el entrenador. Jesús no puede entrenar a alguien que no está dispuesto y nadie puede aprender si no está dispuesto a recibir. La voluntad es el estado de un corazón que se ha librado de todas las distracciones que evitarían que una persona aprendiera y creciera. Un corazón dispuesto es un corazón abierto y un corazón abierto es uno que puede moldearse y formarse, es flexible en la mano del Maestro.

Cuando encontramos cristianos cuyo crecimiento acaba de detenerse, ¿es posible que no estuvieran dispuestos a ir más lejos con el Señor? 

Jesús pudo haber comenzado a trabajar en áreas de sus vidas que no estaban dispuestos a moldear y formar. Cuando Jesús hizo la declaración: “Vengan, síganme y los haré pescadores de hombres”, esos hombres entendieron que para obtener lo que Él tenía, tenían que ser sujetos dispuestos. Tuvieron que abrazar voluntariamente lo que Él les dijo que hicieran para crecer y ser entrenados. Este proceso nunca ha cambiado.

Muchos toman decisiones basadas únicamente en las partes que les interesan. Cuando decidimos qué recibiremos y qué estaremos dispuestos a hacer, nos convertimos en moldeadores y formadores, no en Jesús.

Al hacer esto, están escogiendo los beneficios que quieren para sí mismos. No estaban dispuestos a abrazar todo lo que Jesús estaba tratando de hacer en sus vidas. Cuando las personas no están dispuestas a continuar su camino de formación para aprender algo, se conforman y no desean más. Desafortunadamente este es un corazón poco dispuesto.

He tenido hombres y mujeres que me enseñaron a pesar de que luché con su personalidad. Tuve que ser cuidadoso con mi actitud y decirme a mí mismo que Jesús es el único a través de ellos haciendo la creación. Puede que me esté enseñando a soportar estos tipos de personalidad que no me gustan. Debo mantener una actitud de corazón dispuesta a obtener realmente todo lo que pueda en mi proceso de crecimiento. El verdadero entrenamiento significa que tienes que estar dispuesto a hacerlo de la manera que el que instruye está liderando, de lo contrario no estás realmente dispuesto. Mientras haya una parte de tu corazón que no esté dispuesta por alguna razón, entonces no puedes ser formado.

Muchos quieren ser cristianos, quieren asegurarse de que su asiento esté reservado en el cielo. Como resultado, su seguimiento a Cristo va solo hasta aquí. Realmente nunca han aprendido a sacrificar sus propios deseos. No han permitido que sus vidas cambien de quiénes son a que el Maestro los haga como Él los ve.

Me imagino a multitudes que se presentan ante el Rey y le muestran su boleto al cielo y luego el Rey les revela el plan que Él tenía para sus vidas en la tierra. Él les muestra todo lo que se perdieron por su pereza o quizás por obstinación, puede haber muchas razones, pero la verdad es que no estaban dispuestos a cambiar y someterse a Su plan para sus vidas. El elemento que faltaba era su disposición a ser formados para sus propósitos. Lamentablemente bajan la cabeza, porque, aunque recibieron la vida eterna, ven cuánto de sus vidas vivieron para sí mismos y no para Él.

Para ser un discípulo fuerte debes estar dispuesto. Necesitas confiar completamente en que Dios es quien te está enseñando y entrenando, y Él tiene tu mejor interés en el corazón. Su plan es el plan perfecto que debes abrazar instantánea y voluntariamente. Así como los primeros discípulos inmediatamente corrieron tras Él, así también debemos estar dispuestos a ser formados.

Si el Señor nos hace ser formados por otros hombres de Dios, entonces necesitamos ser los mejores discípulos. No estoy diciendo que sigas a aquellos que están equivocados o que su carácter no coincide con lo que te están enseñando a hacer. Estamos aprendiendo a venir a Su imagen y Él nos revelará si no está bien. Si no nos está enseñando cómo ser libres en Él y ser como Él, entonces no producirá el fruto correcto en nosotros. No renunciamos solo porque no nos gusta la formación. En cambio, mantenemos una actitud dispuesta que permite a Jesús, a través de quien sea y por cualquier medio, moldearnos y darnos forma.

Rom 12:3

 Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado.

Prov. 26:12

12 ¿Te has fijado en quien se cree muy sabio?     Más se puede esperar de un necio que de gente así.

Mat. 18:1-4

En ese momento los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?” 2 Él llamó a un niño y lo puso en medio de ellos. 3 Entonces dijo: “Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos. 4 Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos.”

1 Cor 4:7

7 ¿Quién te distingue de los demás? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y, si lo recibiste, ¿por qué presumes como si no te lo hubieran dado?

Gal 6:3-4

 3 Si alguien cree ser algo, cuando en realidad no es nada, se engaña a sí mismo. 4 Cada cual examine su propia conducta; y, si tiene algo de qué presumir, que no se compare con nadie.

Fil 2:3

No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.

Estos son algunos consejos para ayudar a mantener la actitud correcta. Como has leído en las Escrituras, debes tener cuidado de cómo te ves a ti mismo. En el proceso de formación, hay quienes quieren ser la persona que está al frente, la que está a cargo, el líder. Pero para lograr esto, debe haber un tiempo dedicado a hacer crecer tu corazón de la manera correcta. Solo a través de Jesús se puede lograr esto, brindándole el máximo beneficio al permitirle trabajar con tu corazón. Un corazón humilde es un corazón que no trata de ser algo que no es, o de asumir rápidamente una posición, sino que acepta el lugar y la posición que Dios tiene para ellos. Un corazón humilde es aquel que espera que Dios haga la promoción.

Entrenar para ser un discípulo requiere que tu avance venga de Dios. Recuerda que Él está a cargo y Él sabe lo que es mejor. Tu única respuesta es confiar y aceptar donde Él te tiene. 

Muchas personas piensan más de sí mismas de lo que deberían, quieren la atención, o la posición, tienen una visión inflada de sí mismas. No se dan cuenta de que están obstaculizando lo que Dios está tratando de hacer en sus vidas. Aquellos que se han elevado pueden encontrar un desastre más tarde. En lugar de darse cuenta de que no están equipados para manejar su elevación, rápidamente culpan y señalan a los demás. Su propio orgullo ha hecho que piensen más en sí mismos en lugar de adquirir el corazón humilde que se necesita para ser formado. La verdad es que Dios les estaba dando una oportunidad, pero en lugar de eso, se ubicaron en un lugar más prestigioso, lo que los hizo parecer más importantes. No permitieron que Dios hiciera el moldeado mientras los formaba en este nuevo lugar o posición.

Por lo general, cuando esto sucede, nunca vuelves a ver un verdadero crecimiento en ese individuo, sino que ves un crecimiento lateral. Alcanzan cualquier cosa que les dé la apariencia de que están progresando hacia arriba. Deben regresar a ese lugar donde se fueron y aprender lo que Dios estaba tratando de enseñarles. Si no regresan a ese lugar, el orgullo y el egoísmo se hacen cargo. Su búsqueda es cómo seguir moviéndose sin pagar el precio.

Dios quiere que Sus discípulos se conviertan en campeones, trabajadores poderosos para Su reino. Debemos darle a Él el material correcto con el cual trabajar, y eso significa que todos debemos conocer nuestro lugar y aceptar dónde estamos para que Él pueda moldearnos.

Debemos esforzarnos por mantener una actitud de iniciativa en nuestro corazón. La actitud de iniciativa está siempre en aquellos que son motores y agitadores. Nunca verás esto en la persona promedio de la multitud, porque solo quieren estar solos. No es así con los discípulos de Dios. Ellos son los que quieren responsabilidad, porque entienden que Dios los está usando y recompensando por su fidelidad. Ellos son los primeros en ser voluntarios. Ellos son los que están dispuestos a hacer sin que se les pregunte.

 Mateo 25:14-30

 “El reino de los cielos será también como un hombre que, al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encargó sus bienes. 15 A uno le dio cinco mil monedas de oro, a otro dos mil y a otro solo mil, a cada uno según su capacidad. Luego se fue de viaje. 16 El que había recibido las cinco mil fue en seguida y negoció con ellas y ganó otras cinco mil. 17 Así mismo, el que recibió dos mil ganó otras dos mil. 18 Pero el que había recibido mil fue, cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.” Después de mucho tiempo volvió el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos. 20 El que había recibido las cinco mil monedas llegó con las otras cinco mil. “Señor —dijo—, usted me encargó cinco mil monedas. Mire, he ganado otras cinco mil”. 21 Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” 22 Llegó también el que recibió dos mil monedas. “Señor —informó—, usted me encargó dos mil monedas. Mire, he ganado otras dos mil”. 23 Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” 24 “Después llegó el que había recibido solo mil monedas.” Señor —explicó—, yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha donde no ha sembrado y recoge donde no ha esparcido. 25 Así que tuve miedo, y fui y escondí su dinero en la tierra. Mire, aquí tiene lo que es suyo”. 26 Pero su señor le contestó: “¡Siervo malo y perezoso! ¿Así que sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido? 27 Pues debías haber depositado mi dinero en el banco, para que a mi regreso lo hubiera recibido con intereses. 28 “Quítenle las mil monedas y dénselas al que tiene las diez mil. 29 Porque a todo el que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. 30 Y a ese siervo inútil échenlo afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y rechinar de dientes”

  La persona promedio se sienta alrededor y espera que algo suceda. Si lo que está ocurriendo es algo en lo que les gustaría participar, entonces se involucrarán en ello. El dicho dice “Hay quienes hacen que las cosas sucedan, hay quienes esperan que las cosas sucedan, y hay quienes se preguntan qué sucedió”. Pero para ser un discípulo que crece en Dios, necesitas ser el que haga que las cosas sucedan. No esperes a actuar, solo ve por ello.

Esta es la definición de iniciativa.

(El poder o el derecho de dar el primer paso o el siguiente paso en alguna acción, el espíritu necesario para originar la acción, la Energía o la aptitud mostrada en la acción que es independiente de cualquier influencia o control externo)

Un discípulo es un hombre o mujer de acción. Están motivados por Su rey en todas las cosas. Están dispuestos a tomar la iniciativa. La multitud es solo eso, una multitud, pero una persona con iniciativa crea su propio entorno. La palabra entorno simplemente significa; (circunstancias, condiciones y cosas externas que afectan la existencia y el desarrollo de un individuo o grupo) Cuando una persona tiene una actitud de iniciativa, aporta un flujo diferente a su entorno que, eventualmente, le permite cambiar el entorno.

En las escrituras vemos que los sirvientes que fueron bendecidos por su maestro fueron los que salieron de inmediato y trajeron más. Su recompensa fue que el maestro les dio más para cuidar de él. Mientras que la mayoría de las personas no quieren más responsabilidad, el reino de recompensa o aumento de Dios se presenta en forma de más responsabilidad. En su lugar, cuando se nos pide servir, queremos consultar la lista que se centra primero en uno mismo; ¿Tengo tiempo? ¿Quiero? ¿Cuánto me va a costar en energía y esfuerzo? Si finalmente aceptan servir, entonces comienzan con otra lista; ¿Cuándo quieres que lo haga? ¿Cuánto tiempo crees que tomará? ¿Está todo listo para que lo haga? Ellos no quieren pensar por sí mismos, o ir a hacerlo sin que se les pida. Por lo general, cuando tenemos que hacer cosas con personas como estas, las apartamos para hacer el trabajo nosotros mismos. Nunca debemos permitirnos vernos carentes de iniciativa como esta ante los ojos de Dios.

Necesitamos tener una actitud lista y dispuesta a entrar en acción para el Rey. Esta es la forma más rápida de crecer como discípulo. Ser voluntario para las cosas de Dios. Pide que se te enseñe y forme, pero hazlo de la manera que se te pide. No te quejes, en vez de eso levanta la mano y dile que lo harás.

Nunca esperes el mañana, porque en el Reino el dicho es igual de verdadero, “el mañana nunca llega”. La mayoría de la gente sabe esto y planifica en consecuencia, saben que si esperan probablemente no tendrán que participar en lo que sea que necesiten hacer. Esto revela una actitud de corazón tan triste e inutilizable. Siempre debemos buscar formas de ayudar, alentar, servir y bendecir, porque este es el verdadero camino de crecimiento para un discípulo.

Gal 4:1-7

 1 En otras palabras, mientras el heredero es menor de edad, en nada se diferencia de un esclavo, a pesar de ser dueño de todo. 2 Al contrario, está bajo el cuidado de tutores y administradores hasta la fecha fijada por su padre. 3 Así también nosotros, cuando éramos menores, estábamos esclavizados por los principios de este mundo. 4 Pero, cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, 5 para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos. 6 Ustedes ya son hijos. Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: “¡Abba! ¡Padre!” 7 Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y, como eres hijo, Dios te ha hecho también heredero.

 

Según este pasaje, ¿qué nos convierte en esclavos y nos mantiene hijos? La respuesta es no crecer. Los que no toman la iniciativa rara vez progresan. No se dan cuenta de que se les ha confiado el negocio de Su Padre. Pero aquellos que lo persiguen, aprendiendo el negocio del Padre, también son los que comparten el negocio. Recuerda que la bendición proviene de hacer, no de esperar o sentarte a mirar. La forma más rápida de aprender y crecer como discípulo es ir y practicar lo que se te ha encomendado. Buscar oportunidades para ayudar y servir activamente.

Un discípulo debe mantener una actitud de hambre que les permita aprender, crecer y madurar. Cuanto más aprendemos, crecemos y maduramos, más podemos lograr para Él. Nunca, nunca, vayas a un lugar donde creas que ya al llegar sepas todo lo que se necesita saber. Este es un lugar peligroso del que muchos nunca regresan. Piensan que debido a sus muchos años de experiencia ya no tienen necesidad de aprender y crecer. 

Por esta actitud, ya no aprenden y crecen en su caminar con Dios. Aunque piensan que son maduros, están realmente en un lugar de inmadurez.

 Fil 3:7-15

7 Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo. 8 Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo 9 y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe. 10 Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte. 11 Así espero alcanzar la resurrección de entre los muertos.  Pero las cosas que para mí eran ganancias, helas reputado pérdidas por amor de Cristo. 12 No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. 13 Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, 14 sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. Así que, ¡escuchen los perfectos! Todos debemos[a] tener este modo de pensar. Y, si en algo piensan de forma diferente, Dios les hará ver esto también.

1 Cor 9:24-27

¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero solo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan. 25 Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre. 26 Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. 27 Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado.

Lucas 8:14-15

14 La parte que cayó entre espinos son los que oyen, pero, con el correr del tiempo, los ahogan las preocupaciones, las riquezas y los placeres de esta vida, y no maduran. 15 Pero la parte que cayó en buen terreno son los que oyen la palabra con corazón noble y bueno, y la retienen; y, como perseveran, producen una buena cosecha.

Ef 4:13-15

13 De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo. 14 Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. 15 Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo.

Heb 5:14

14 En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual.

Santiago 1:2-4

2 “Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, 3 pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. 4 Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada.”

Veamos esto correctamente. Si nuestra meta de ser discípulos de Jesús es ser como Él, ¿cuándo podemos decir honestamente que estamos allí? Necesitamos mantener una actitud de hambre por más de Él. Debemos seguir buscando el crecimiento. Necesitamos hacer todo lo que debemos hacer para seguir madurando.Creo que cuando tengamos ochenta años o más todavía habrá cosas que aprender y crecer en el conocimiento de Él. Me gusta la actitud de Pablo en el capítulo tres de Filipenses, dice, “no es que lo haya obtenido”. Si Pablo, el escritor de las dos terceras partes del Nuevo Testamento, que hizo que Jesús le hablara de manera audible, plantó numerosas iglesias, a quienes le asistieron ángeles personalmente, que tuvieron extraordinarios milagros durante su ministerio, nos dice que su andar cristiano aún no ha llegado, entonces ¿cómo debemos vernos a nosotros mismos? Debes continuar creyendo que hay más que aprender, crecer y madurar en tu caminar con Jesús. Mantén esta actitud y buena disposición y siempre encontrarás el lugar correcto en el momento adecuado.

 

>Un discípulo se esfuerza por mantener la actitud de Cristo<